03/07/2019 De camino a Kuala Lumpur y las mejores vistas desde la habitación

03/07/2019 De camino a Kuala Lumpur y las mejores vistas desde la habitación

Me desperté un poco antes de las 6 de la mañana, antes de que sonara el despertador. Ese día ya se marchaba hacia Kuala Lumpur y la que sería la última parada en Malasia. La intención era dejar el hotel hacia las 9h, llegar a Melaka Sentral hacia las 10h, tomar un bus exprés a más tardar a las 11h y llegar a Kuala Lumpur hacia las 13h. El check-in en el apartamento era a partir de las 15h, por lo que si todo iba así, tendría dos horas para el almuerzo y llegar al apartamento.

Me duché, tomé un café, miré todas las opciones y horarios de todo lo que debería coger, escribí el periódico, lo recogí todo y hacia las 8:30h se marchaba del hotel. Ya había uno de los dos chicos que normalmente había en recepción aunque todavía estaba fuera. Me despedí de él y fui hacia el Medical Center de Melaka pues allí estaba la parada del bus local 17 que tenía que coger para ir a Melaka Sentral, lo mismo que cogí al llegar.

Cuando llevaba unos 5 minutos andando miré a Google Maps donde había buscado la ruta pero, no sé porqué, ya no estaba. Probablemente habría echado atrás a la aplicación haciendo que volviera al inicio. En cualquier caso las indicaciones que había guardado al salir del hotel ya no estaban. Miré a la zona de Medical Center y vi una parada, así que en vez de volver al hotel, conectarme a Internet y volver a realizar la búsqueda, decidí seguir.

Al llegar al Medical Center fui a lo que según Google Maps era una parada de bus. En principio el 17 pasaba una vez cada hora, según Google Maps en y 30 de cada hora aunque me extrañaba. Estuve esperando una hora, hasta las 9:35h y allí no pasó ningún bus. Una hora esperando de pie se puede hacer muy largo…

A las 9:35h decidí volver al hotel (lo que debería haber hecho antes) y contratar a un Grab, que es como el Uber del sudeste asiático. Ya lo había mirado antes de salir y el precio hasta Melaka Sentral eran 9RM, 2€, por lo que era un precio más que razonable por el trayecto que era. Coger taxis o Ubers no me gustaba, pero en ese caso había intentado coger el bus sin conseguirlo. Además sería la primera vez que tomaría un Uber o similar, y eso también me hacía cierta gracia.

Llegué al hotel sobre las 9:45h y pedí un Grab. Mientras esperaba volví a buscar en Google Maps para ir a Melaka Sentral en bus, y sorpresa, no había pasado ningún bus porque no había ido a la parada correcto. Estaba allí cerca pero en otra calle, por eso ni siquiera vi pasar ninguna. En fin, esto me pasó por no volver atrás cuando sólo hacía 5 minutos que había salido del hotel. La verdad es que me dio bastante rabia, pues ahora probablemente ya estaría en Melaka Sentral y habiendo cogido sólo un bus local.

Mientras esperaba en el Grab, salió el otro chico del hotel, el que parecía el propietario, y me preguntó que qué hacía allí, que le habían dicho que había dejado el hotel hacía más de una hora. Le expliqué la situación y me pidió que le enseñara el móvil, pues según él los Grab no tardan ni 2 minutos en llegar y yo ya hacía 5 que esperaba. Me dijo que algo ocurría al mirar la aplicación. Lo intentó de nuevo e hizo que no con la cabeza. No lo entendía demasiado, pero parecía que según él no estaba funcionando. Sacó su móvil, pidió un Grab para Melaka Sentral, y al cabo de 10 segundos me enseñó el móvil en el que se veía en pantalla que ya había un coche que venía y que llegaría en menos de 2 minutos. Pues suerte que él estaba allí porque sino también me habría fallado Grab. Al final ninguno de los dos entendimos que le pasaba en la app de mi móvil.

Y efectivamente, no hacía ni 2 minutos que ya aparecía el coche por la esquina. Ahora si me despedí de todos, subí el coche y fuimos a Melaka Sentral. Con todo ello ya eran casi las 10 de la mañana, aunque mis planes era tomar el bus exprés a más tardar a las 11h, por lo que todavía tenía tiempo.

El chico del Grab era realmente amable, bastante joven, y aunque con un inglés muy básico, podíamos entendernos. El trayecto duró unos 10 minutos tiempo en el que me preguntó cómo me decía, a lo que le respondí Guillem y que era un nombre en catalán, a lo que él respondió, Guillem en catalán pero muy bien dicho y en la primera, sin que tuviera que repetirle. Después hablamos de Barcelona, ​​cómo no, lo que llevaba hasta ahora de viaje y lo que me quedaba por hacer y finalmente de Kuala Lumpur, pues era hacia dónde iba. El chico no parecía ni de allá, pues casi que sabía más yo de Kuala Lumpur que él, y además, los malayos saben bastante bien el inglés, por lo que todo me hacía creer que quizá aquel chico no hacía tanto tiempo que estaba en Malasia. En cualquier caso, era muy amable y el trayecto hasta Melaka Sentral fue muy agradable.

Llegué a Melaka Sentral hacia las 10:15h, así que a pesar de los problemas todavía iba muy bien de tiempo. Además la terminal ya me medio conocía por lo que enseguida llegué a las máquinas y compré el billete para las 10:45h por 10,70RM, 2,30€.

Fui a buscar la puerta A, tal y como ponía en el billete ya esperar hasta las 10:40h que llegó el bus. Subí y como en la ida, había un señor sentado en mi sitio. Yo tenía el asiento 4 que era el de ventana, por lo que fui a sentarme al 3 cuando él dijo que aquellos eran el 1 y el 2. Le señalé los del lado donde ponía 1 y 2 diciéndole que aquellos eran el 3 y el 4. En vez de moverse se quedó donde estaba. Yo dejé 3 o 4 segundos a ver qué hacía y como no hacía nada pues me senté al 3, a su lado. Por lo que se ve en Malasia hay mucha gente que no sabe cómo va la numeración de los asientos de un bus…

Al menos el señor era amable y estuvimos charlando los primeros 20 minutos del viaje. Primero me preguntó lo de siempre, de dónde estaba, de dónde venía, dónde iba, etc. La verdad es que éste era más charlatán y sabía hablar mejor el inglés que el de Grab, por lo que mis explicaciones sobre mis viajes fueron mucho más extensas. Además estaba realmente interesado, preguntándome que cómo lo hacía, a qué me dedicaba, si siempre iba solo, etc. Mostraba realmente mucho interés en todo lo que le explicaba, pues al fin y al cabo, todo es muy interesante.

Él me contó que su hijo estaba viviendo en Liverpool por algo de Petronas, la compañía de petróleo más importante de Malasia y casi del mundo. Esto venía porque estuvimos hablando de divisas y salió el tema de la libre esterlina, pues es una divisa muy fuerte. Según decía él había trabajado de técnico en alguna empresa que no entendí pero parecía importante, de hecho se notaba que era de buena familia. Estas conversaciones con este tipo de persona son siempre interesantes y aportan nuevos conocimientos siempre necesarios.

El resto del viaje lo aproveché para escribir el diario, sin hacer demasiadas cosas para que no desaparecieran las indicaciones del transporte público que debía coger en Kuala Lumpur para llegar al apartamento. NO me fiaba porque a veces, sin saber exactamente cómo, Moovit o Google Maps, volvían a la pantalla de inicio desapareciendo las indicaciones que había, y sin Internet, ya no se pueden recuperar.

Hacia las 13h llegábamos a Kuala Lumpur, en la terminal que ya me conocía un poco, la TBS.

Según Moovit debía tomar un tren, así que fui siguiendo las indicaciones de los carteles, del mapa de Moovit y lo que ya me conocía, pues la primera vez que estuve allí ya vi dónde estaba el tren. Mientras iba, una chica joven que había ido conmigo al autobús, cuando me vio mirando el móvil y los carteles, me preguntó a dónde iba. Yo le dije en la estación de Titiwangsa, ella dijo que sí y me acompañó hasta las máquinas en las que podía comprar el billete. Seguramente las habría encontrado sin problemas, pero con ella fue más rápido. Después me preguntó cuál era el destino, a lo que le dije Bernamsa y que según Moovit debería coger el Monorail. Yo pensaba que era el Monorail porque la estación era Monorail y no me fijé con el símbolo, que era un autobús, no un tren. Ella me dijo que creía que el monorraíl no me llevaría allí, y me dio una serie de instrucciones que apenas entendí aunque tampoco le ponía demasiada atención, pues estaba convencido de que siguiendo las indicaciones de Moovit no tendría ningún problema .

Compré el billete hasta Titiwangsa, que de hecho no era un billete, sino como una moneda de plástico que al entrar tienes que pasar por un lector y se abren las puertas, y al salir debe introducirse en un agujero tipo el de poner las monedas en una máquina de tabaco, por lo que es re-utilizada, pues para salir debes devolverla.

El tren pasó al cabo de poco menos de 10 minutos. Apenas eran las 13:10h por lo que en ese momento iba muy bien de tiempo, pues el check-in debía ser como mínimo a las 15h. Hasta Titiwangsa eran 12 paradas y unos 30 minutos aproximadamente.

Durante el trayecto pasamos por un punto desde donde se veían bastante bien las Torres Petronas, siendo la segunda vez que las veía.

Hacia las 13:40h llegábamos a Titiwangsa y allí empezarían los problemas, aunque al final, como todo, se acabaría solucionando.

Yo estaba convencido de que debía coger el monorraíl, confundido por el nombre de la estación que ponía en Moovit. Y de hecho, cuando salí del tren, ya había carteles indicando dónde estaba el monorraíl, por lo que no tuve dudas y fui directamente. Al llegar, menos mal que me paré a mirar las paradas que tenía, pues eran 7 u 8 por lo que se podían leer todas en un momento. Entonces vi que ninguna coincidía con las que me llamaba Moovit. Me lo estuve mirando 5 minutos largos hasta que decidí marcharme porque ninguna de las 4 paradas que según Moovit tenía que pasar, aparecía en el listado de paradas del monorraíl. Así que salí y vi un cartel que ponía a Hub Titiwangsa, que era el nombre de la estación que me llamaba Moovit donde tenía que coger lo que yo pensaba que era el monorraíl. Pero al ver que salía a la calle, volví atrás para asegurarme.

Mientras miraba todos los carteles que había en la estación, se me acercó un indigente preguntándome a dónde iba, yo le dije pero sin prestarle demasiada atención, pues pensaba que me pediría dinero, error. Él lo miró e incluso fue a preguntar a la taquillera. Volvió y me dijo que el monorraíl no iba hasta dónde yo tenía que ir, lo mismo que me había dicho la china en la TBS. Entonces ya me di por vencido y miré a cuánto estaba del apartamento, vi que eran poco más de 2km y que podría tardar unos 45 minutos en llegar. El señor me señaló la dirección y le dije que quizá iría andando, a lo que él dijo que sí, que podía hacerse sin problemas. Le di las gracias y salí yendo en dirección al apartamento con la intención de llegar andando.

Yo todavía tenía en mente el nombre GOKL, que era el nombre que ponía en Moovit y que yo pensaba que sería la línea de monorraíl, y que de hecho había sido otro de los motivos por lo que había descartado el monorraíl, ya que ese nombre no aparecía en ninguna parte. Pues cuando llevaba caminando unos 5 minutos y ya directo hacia el apartamento por una calle estrecha, un bus me pitió para que vigilara, y al girarme, sorprendida, ponía GOKL. No era el monorraíl el que debía coger, sino el bus. Si hubiera leído toda la página de Kuala Lumpur en Wikitravel probablemente esto ya lo sabría y me habría ahorrado 20 minutos, pues con la tontería eran ya las 14h.

Entonces intenté ir a donde me decía Moovit que debía tomarse el bus, en el punto del mapa indicado. Pero después de estar dando, literalmente, vueltas durante 30 minutos no encontraba la parada. entré y salí de la estación, fui de un lado a otro de la carretera dos veces, que debía cruzarse por un puente, fui a una pequeña terminal de autobuses que había pero sólo eran buses de larga distancia. Todo ello con un calor que ya hacía y pensando que si ese tiempo le hubiera dedicado a ir hacia el apartamento, quizá ya habría llegado, eso si, mucho más cansado, mucho más sudado y con las ruedas de la maleta muy mas hechas polvo.

Finalmente y cuando ya estaba desesperado ya punto de tomar un taxi, con la ayuda de la gente a la que iba preguntando y dando vueltas por toda aquella terminal, vi buses de GOKL aparcados. Primero vi a los de la línea roja, y según Moovit tenía que ir con los de la naranja, que por suerte, estaban casi al lado. fui hacia donde vi un cartel con el recorrido, y sorpresa, ¡eran las paradas que ponía en Moovit! Por fin la había encontrado y la parada a la que tenía que ir aparecía en ese cartel. Mientras miraba el cartel se acercó a un trabajador y me preguntó dónde iba. Le señalé la parada en el cartel y me señaló el bus que debía coger y que a las 14:45h salía. eran las 14:31h, por lo que acababa de salir uno, de hecho le vi cómo se marchaba. En fin, ya no venía de 145 minutos más. De todas formas el bus tardaría poco más de 5 minutos en llegar a la parada y de allí yo tenía 5 minutos caminando hasta el apartamento, por lo que seguramente todavía llegaría un poco antes de las 15h.

Hay que tener en cuenta que estos buses son totalmente gratuitos. Simplemente subes y sedes. ¿Cuántas ciudades deberían aprender…

A las 14:45h salimos y en y 53 llegaba a la parada donde tenía que bajar. Y de ahí caminando siguiendo las indicaciones de Google Maps. Iba por la carretera y debería girar una calle arriba donde ya estaría el bloque. Pasé por una calle que en un principio no me pareció que fuera aquella, pues se veía muy pijo, y aunque sabía que el apartamento que había alquilado estaba muy bien, no pensaba que tanto. Así que seguí caminando hacia la próxima calle, pero según Google Maps ya me había pasado. Pues parecía que si era esa calle que se veía tan pijo. Volví atrás y subí. A unos 100 metros se veía una torre altísima que debía ser aquella, pues no había más, de hecho parecía una calle hecha expresamente por aquella torre.

Así que fui directamente hacia la torre y cuando llegué Google Maps me decía que ya había llegado al destino, o sea que no había dudas. En la puerta había 3 o 4 vigilantes de seguridad, tenía un vestíbulo enorme con conserjes y trabajadores por doquier, todo ello era más heavy de lo que imaginaba. Menos mal que no fui caminando porque sino habría llegado suadísimo, y allí la mayoría iba con americana. Ya hacía suficiente el cante yendo como iba.

Y en ese momento caí en el que no sabía nada, ni el piso donde estaba mi apartamento, pues aquella torre tenía al menos 50, ni cómo tenía que encontrar en el anfitrión ni nada, de hecho sólo sabía que se decía Yow Chee. Así que fui a la recepcionista con el email de confirmación de Airbnb y le dije que tenía un apartamento allí alquilado y que Yow Chee era su propietario. Ella miró el correo y me dijo si le podía enseñar alguno en inglés, cm ya me imaginaba. En ese momento fui consciente de que todo sería más complicado de lo que pensaba, pues en ese blog no se podía pasar de recepción si no estabas autorizado. Todas las puertas se abrían con una tarjeta que yo evidentemente todavía no tenía.

Entonces intenté conectarme a alguna red wifi sin esperanza alguna, pero sorprendentemente allí había una abierta. era la primera vez en Malasia que podía conectarme a una red abierta y justo en el momento que más lo necesitaba. Entré en la app de Airbnb y tenía mensajes del anfitrión con las instrucciones para hacer el check-in. ¡Perfecto! aunque seguía sin entender por qué la gente te envía las instrucciones tan tarde, ¿no pueden suponer que no tenemos 4G en el móvil y que quizás no podemos acceder a los mensajes??? En cualquier caso me había indicado los 5 pasos para realizar el check-in. Así que fui con los mensajes a la recepcionista de nuevo y me dijo que acudiera a una oficina que estaba allí al lado. fui y al enseñar los mensajes me dijeron que allí no estaba, que estaba detrás de la recepción. La recepcionista no se enteraba… Volví y entonces lo entendió. El tema es que debía ir al buzón del apartamento en el que me habían dejado la tarjeta para acceder a todo el edificio y las llaves del apartamento.

La recepcionista avisó a un chico, que ya se enteraba más, y me acompañó a los buzones. Buscamos la A-39-08, que era la numeración de mi apartamento, pero al abrirla ahí no había nada. Apenas eran las 15:10h, por lo que supuse que todavía no estaba a punto. Volví al hall y le envié un mensaje al anfitrión. él comprobó con el servicio de limpieza y me confirmó que todavía lo estaban limpiando y que me avisaría cuando dejaran la tarjeta y la llave en el buzón.

Hacia las 15:45h me avisó de que ya podía ir al buzón de nuevo. Fui a recepción pero ahora el chico no estaba, por lo que tuve que esperar 10 minutos más hasta que apareció. Estuve en total una hora por allá dando vueltas pero estas cosas sirven para que después te recuerden, pues con tanta gente, si no te pasa algo los trabajadores difícilmente se acordarán de tu cara.

Hacia las 16h volvimos al buzón y ahora si estaba la tarjeta y la llave. Le di las gracias al chico y ya se marchó sin controlarme, pues ahora si ya estaba autorizado para moverme por toda la torra. Cogí el ascensor y fui hasta la planta 39, que de hecho esto era algo que no sabía. ¡Y la planta 39 era ya muy alta!

El ascensor subía rapidísimo y de hecho se te tapan las orejas como en un avión. En menos de 15 segundos el ascensor ya llega a la planta 39. Salí del ascensor y lo primero que vi fue una enorme ventana con vistas a la ciudad. Me quedé de piedra. Estaba a unos 130 metros de altitud y las vistas eran simplemente impresionantes.

Busqué el apartamento 8 que era el mío. En ese momento todavía no tenía claro si sería una habitación dentro de un apartamento compartido o todo un apartamento para mí. Por las explicaciones parecía que iba a ser una habitación en un apartamento compartido, pues el anfitrión decía que mi habitación era la de la izquierda.

Llegué al apartamento 8 donde la puerta se abría pasando la tarjeta. La pasé, se abrió y vi como un pequeño recibidor con dos puertas, una a la izquierda y otra a la derecha. Abrí con la llave la de la izquierda y… ¡era todo un apartamento para mí solo! Pequeño, eso sí, pero con todo, incluso lavadora.

Pero lo mejor llegó cuando me acerqué a la ventana y me quedé, literalmente, sin respiración durante 2 o 3 segundos. No podía creerlo. Se veían las Torres Petronas perfectamente, de hecho una se veía entera cosa que no ocurre desde casi ningún mirador de Kuala Lumpur, pues ya hay tantas torres alrededor que siempre quedan medio tapadas. Desde dónde estaba este apartamento, una de ellas se veía toda y la otra la mitad superior. Además también se veía la famosa torre de telecomunicaciones, junto a una vista brutal ya que no había ningún edificio enfrente en decenas de metros que tapara nada. No imaginaba que las vistas desde la cama fueran tan espectaculares. ¡Así si que vale la piensa despertarse cada mañana!

Dejé la maleta y la mochila de inmediato y me quedé mirando por la ventana no sé cuánto rato, mucho. Luego tomando fotos y volviendo a mirar. Además, la torre estaba casi en la punta norte de la ciudad, por lo que tenía una visión casi completa de toda la ciudad, pues sólo podía ver a 180º frente a mí, pero es que detrás ya no había casi nada, lo interesante estaba delante de que era lo que podía ver. Simplemente brutal y totalmente inesperado. Hacía 7 horas que había dejado el hotel de Malaca, 7 horas para llegar al apartamento a menos de 200km, pero había merecido la pena. En ese momento ya se me había olvidado todo, de hecho ya no pensaba en nada.

Hacia las 17:30h empezó a llorar, la típica lluvia tropical de tarde, bastante fuerte pero corta. No tenía nada que comer y no quería salir lloviendo, así que tomé un café mientras leía toda la información que tenía de Kuala Lumpur así como la página en Wikitravel para organizar lo que haría al día siguiente. Todo con el portátil junto a la ventana y mirando cada 5 minutos por la misma, pues era inevitable mirar mas la ventana que el portátil.

Hacia las 19h paró de llover y salí a comprar comida. Ya había mirado por Google Maps si había algún restaurante cerca, pero realmente la torre estaba en una zona con pocos restaurantes y menos sitios ambulante, evidentemente no se puede tener todo, pues la torre estaba en una zona que permitía ver toda la ciudad siendo una zona alejada del centro.

Así que fui directamente a un 7-elevan que había a 15 minutos andando. Por el camino ya iría mirando si encontraba algún restaurante e investigar un poco la zona.

A mitad de camino había un restaurante y varios sitios ambulante pero a esa hora ya estaban todos medio cerrando, por ahora no me servían pero para los días posteriores sí. Así que fui hasta el 7-eleven y compré comida para cenar y una garrafa de agua de 6L ya para todos los días.

Volví al apartamento a cenar, pues no había comido nada en todo el día. Comí bastante más de lo habitual para compensar mientras miraba noticias y por la ventana, más por la ventana que las noticias. No podía cenar en ninguna parte mejor que en el apartamento, era simplemente fantástico.

Y hacia las 21h fui hacia la cama a mirar a Netflix mientras me dormía, y como hasta entonces, mirando mas por la ventana que Netflix, pues desde la cama también tenía visión directa en las Torres Petronas, y siendo de noche la imagen todavía era mucho mejor, todo iluminado, la ciudad, las torres, la Menara KL, todo. No tenía palabras para describir lo que veía. Ésta sería, sin duda, la mejor noche de todo el viaje.

02/07/2019 Tercer día en Melaka: Chinatown

02/07/2019 Tercer día en Melaka: Chinatown

Me desperté casi a las 8 de la mañana, uno de los días que más tarde me había despertado en todo el viaje debido a que fui a dormir a las 12 de la noche y yo siempre intento dormir 8 horas. De hecho se me hacía incluso un poco raro despertarme y que ya fuera tanto día.

Y como todas las mañanas antes de salir del hotel, me duché, me preparé un buen café allí mismo en la habitación que me tomé mientras escribía el periódico y miraba algunas inversiones, pues el momento era interesante para la subida espectacular del oro y la bajada de las bolsas en general.

A las 11h salí del hotel con la intención de ver un poco más a Chinatown e ir justo al otro lado del río, a la altura del hotel, donde pensaba que había más centro histórico debido al igual que se veía la zona en Google Maps respecto a dónde estaba mi hotel.

El río tenía que cruzarlo por el mismo puente por el que había ido el día anterior, pues aunque el río lo tenía casi el lado y el puente me quedaba a unos 10 minutos andando, era el lugar más cercano para poder cruzar. Así que el camino ya lo conocía y fui directo.

La Dutch Square volvía a estar llena de turistas, sobre todo chinos que tenían a sus compatriotas justo cruzando el puente por donde fui yo. Ese día vi bastantes más calles de Chinatown que el día anterior ya que cuando llegué ya llevaba rato andando y estaba cansado. Vi varios templos y me perdí un poco y expresamente por las callejuelas de Chinatown siempre tan interesantes de ver.

Caminar sin rumbo fijo por las calles de cualquier Chinatown es la mejor forma de conocer estos barrios. Por un lado no hay que tener miedo a perderse o a que te ocurra cualquier cosa, pues seas en el país que seas, los Chinatown son siempre barrios muy seguros. Por otro lado siempre encontrarás a gente dispuesta a ayudarte en caso de que te pierdas o necesites preguntar cualquier cosa. Así que lo mejor es andar por todo el barrio y dejarte sorprender por las costumbres y algunas excentricidades de los chinos.

Y de ahí ya fui hacia la zona que pensaba que seguiría siendo centro histórico en ese mismo lado del río y que había visto por Google Maps. Viendo el mapa parecía una zona muy similar a la de mi hotel, por eso pensé que podría ser parte del centro histórico. La verdad es que parecía más cerca de lo que realmente era, pues empecé a caminar primero cruzando todo Chinatown hasta salir y seguir caminando en dirección al mar, pues el lugar al que quería llegar era también junto al mar y al río pero al otro lado de la desembocadura.

La ciudad era mucho más grande de lo que parecía, pues para llegar a esta zona que parecía muy cerca de Chinatown tardé casi 30 minutos, y conforme me acercaba a ella no parecía que entrara en ningún centro histórico sino más bien todo lo contrario, todo ello cada vez tenía más pinta de ciudad normal.

Finalmente, cuando llegué vi que de centro histórico nada, de hecho era todo lo contrario. Era como el típico barrio pijo de las afueras con casas unifamiliares, calles muy tranquilas y sin coches. Me decepcionó un poco pero al menos sirvió para que viera mucho más de Melaka de lo que me esperaba, pues esta zona quedaba cerca del hotel pero tenía que darse mucha vuelta para ir a buscar el puente para cruzar el río. También tenía bueno que el puerto y la playa quedaban allí cerca por lo que aproveché para ir. Sin embargo ya eran las 13h.

No sé si en Melaka hay más zonas de playa pero al menos en aquella, que era bastante pequeña, no había nadie, quizás porque el puerto estaba muy cerca, de hecho quedaba entre el puerto y la desembocadura del río. Pero justamente esto es lo que hacía que tuviera un encanto especial. De hecho había algunas personas haciendo ejercicio ya que era un muy buen sitio para hacerlo.

Recorrí toda la playa hasta el río con la esperanza de que hubiera alguna manera de cruzarlo sin tener que volver al puente de siempre, el de Dutch Square, pues estaba ya a casi 30 minutos andando de allí, pero como me esperaba, por ahí no se podía cruzar.

En toda la zona no había casi edificios ni pasaban coches, por lo que la tranquilidad era absoluta, sólo rota por el ruido de los cientos de cuervos que había por toda la ciudad pero especialmente en ese punto, donde árboles que quedaban junto a la playa estaban infestados de cuervos que no callaban. Nunca había visto tantos cuervos a modo de palomas en una ciudad.

Caminé por la playa hasta llegar a la desembocadura del río y después de confirmar que por allí no podría cruzarlo, sin pensármelo demasiado, empecé a caminar río arriba en dirección al puente. Allí sólo estaba el que parecía una entrada para militares o policía portuaria y de hecho se veía una zona muy inaccesible.

Cuando llevaba unos 10 minutos andando río arriba llegué a la parte inicial del barrio pijo donde había muchos restaurantes en una calle muy bonita y diferente del resto de aquel barrio que era muy residencial, al menos mucho más que el resto de barrio que no tenía nada especial. Ésta parecía la calle comercial del barrio aunque seguía habiendo poca gente. Ya tenía bastante hambre así que ya iba mirando si veía algún restaurante que me llamara la atención.

Pasé por delante de un hindú pero me pasó como la última vez, que parecía un bufete pero tenía lista de plata. Quizá debería haber entrado y preguntar, pero justo al lado había una especie de mercado de restaurantes más parecido a lugares ambulantes que restaurantes, algo que prefiero. Además había 5 o 6 para elegir. Aunque de hecho, en lo primero que miré ya me pareció muy bien, pues tenían platos de cerdo y muchos que no había probado ya precios bastante más baratos que todos los que había visto hasta entonces en Melaka. Lástima que me quedaba lejos del hotel porque habría sido un buen sitio para comer todos los días.

Lo que tenía bastante claro es que pediría algún plato de fideos de pasta, pues ya estaba un poco harto del arroz y el Padthai. Además también me apetecía cerdo, que en Malasia, por razones evidentes, no es tan fácil de encontrar. Y justamente había un plato que era de fideos normales, carne de cerdo y lo que parecían un tipo de raviolis de carne pero mayores. Y todo por 6RM (1,30€), por lo que no lo pensé dos veces.

La mayoría de sitios parecían chinos estando todos en las paredes del edificio y quedando las tablas en la parte central, donde también todos los clientes excepto yo eran chinos, y eso que aún no había llegado a Chinatown. Me estaba dando cuenta de que casi siempre acababa comido en lugares chinos y supongo que esto no era raro, pues aparte de que su cocina es buena, como otras muchas, y las hay por todas partes, también suelen ser muy amables y serviciales haciendo que los restaurantes chinos sean lugares muy agradables donde comer.

Cuando la mujer me llevó el plato llevó tenedor, cuchara y palés, y me preguntó qué quería. Yo evidentemente le dije los palés a lo que ella respondió que bien hecho, pues es con palés cómo debía comerse este plato y la mayoría de platos asiáticos.

Comida había más de lo que esperaba, de hecho era de los que había visto con más cantidad, y también de los mejores que había probado y más teniendo en cuenta el precio. Incluso aquellas cosas que parecían grandes raviolis estaban muy buenos. Estaban dentro de un zumo pero la pasta estaba bien greñal y la carne como hecha al vapor. Era algo que todavía no había probado nunca y que me gustó más de lo que pensaba, pues por la vista no lo habían entre tan bien. De hecho parecían las típicas guiozas japonesas. Y el resto evidentemente buenísimo, tanto los fideos como el cerdo. Fue sin duda la mejor comida de Melaka.

Targué 30 minutos en terminar, más que nunca, pues el plato era bien completo. Y por cierto, ya era un experto con los palés y era el único turista en ese restaurante. Esto es lo que me gusta, ir a sitios donde no haya turistas y actuar como cualquier otro local. Entre esto y que iba solo probablemente más de uno debería pensar que vivía allí.

Hacia las 13:30h acababa de comer, pagaba los 6RM y seguía el camino hacia el puente. Antes de marcharme el señor del restaurante se me acercó expresamente para darme las gracias y decirme que volviera. Él tampoco debería estar acostumbrado a ver a un no chino por su restaurante.

10 minutos más andando y llegaba al ya famoso puente que unía Chinatown con Dutch Square para seguir en dirección al hotel aunque primero fui a buscar la ropa a la lavandería donde la había dejado el día anterior. También compré alguna bolsa de patatas y agua al 7-elevan que también quedaba muy cerca del hotel donde fui a descansar un poco pero sin dormir, pues al día siguiente marchaba a Kuala Lumpur por lo que quería ir a dormir pronto.

Tiré en la cama mirando a Netflix y comiendo alguna bolsa de patatas para no dormirme hasta las 16:30h que me levanté a tomar un café habiendo conseguido no dormirme. Miré bien todo el trayecto que debería hacer al día siguiente, pues primero debería llegar a Melaka Sentral desde el hotel, lugar que ya me conocía un poco, allí tomar un bus expreso hasta la terminal TBS de Kuala Lumpur y desde allí en transporte público hasta el apartamento alquilado. Por cierto, apartamento en la planta 39 a 170 metros de altura con vistas a las Torres Petronas desde la misma cama y piscina panorámica en la planta 48, 210 metros. Un pase.

En principio podría llegar a Melaka Sentral y después al apartamento de Kuala Lumpur sólo en transporte público, sin tener que tomar taxis, uno de los retos que siempre tengo.

Después ya dejé la maleta preparada y sobre las 19h fui a dar una última vuelta por Melaka ya comprar comida para cenar en la habitación. No me alejé demasiado del hotel, sobre todo paseé por los mercados más cercanos y por aquellas calles tan auténticas como la del propio hotel. Aquellas calles sucias y en algunos lugares bastante pestilentes junto a aquellos edificios de hacía siglos y que le daban a toda esa zona un encanto especial.

Como siempre que comía en el hotel comí pasta deshidratada y esta vez pollo al curry en lata. Normalmente me lo mezclaba todo y quedaba casi como un plato normal de cualquier restaurante. Y sobre las 22h fui a dormir poniéndome el despertador a las 6 de la mañana.

Y aquí terminaba la visita a Melaka, una ciudad llena de vestigios culturales de un montón de países europeos que hicieron aquí su guerra particular. Una ciudad que estva experimentando un crecimiento y modernización espectaculares pero manteniendo todo su patrimonio cultural dándole una importancia que no en todas partes le dan, y que demostraba igual que toda Malasia, su tolerancia e inclusión de culturas y religiones muy diversas.

Ya había llegado al punto mes al sur del viaje y de mi vida hasta entonces y ahora tocaba volver hacia el norte, primero en Kuala Lumpur.

01/07/2019 Segundo día en Melaka: A Famosa, Dutch Square, Chinatown

01/07/2019 Segundo día en Melaka: A Famosa, Dutch Square, Chinatown

Me desperté sobre las 5h después de dormir las 8 horas de rigor aunque podría haber dormido mas, pues como ya me había pasado otras veces, con el ventilador durante la noche tuve algo de frío. En Melaka hacía calor pero no tanto como en Tailandia o en George Town, así que por la noche refrescaba un poco.

Como cada mañana me duché, me preparé un café y me lo tomé mientras miraba correos, escribía el diario y hacía otras gestiones de carácter más personal. En aquella habitación tenía vistas a un pasillo pero al menos tenía un escritorio lo suficientemente grande como para poder trabajar con comodidad. Además el sitio en general era silencioso y estaba muy bien ubicado, más que suficiente.

A las 8:30h ya salía a dar la primera vuelta por Melaka. El hotel estaba situado en pleno centro histórico por lo que para ver lo más interesante podía ir andando. De hecho, el edificio del propio hotel ya era un edificio colonial, prácticamente igual que todos los de la zona. De hecho parecían como edificios de protección oficial de la época colonial, de aquellos que parecen hechos con un molde, pues eran al menos 10 hileras de edificios en calles paralelas todas del mismo estilo. Las calles eran en general estrechas, algo sucias y bastante deterioradas, más o menos como los propios edificios de la zona, lo que le daba a todo ello aún más autenticidad.

Lo primero que vi fue un restaurante chino justo enfrente del hotel y otro al lado, lo que ya daba una idea de la fuerte presencia de chinos que también había en Melaka. De todas formas aquél no era el barrio chino, sino que había una mezcla de culturas bastante interesante, pues todavía no había andado ni 20 metros que ya encontré un restaurante hindú y uno malayo. Al menos tenía muchas opciones para comer cerca del hotel.

Primero paseé un poco por la zona más cercana al hotel donde había varios restaurantes e incluso un mercado y después ya fui en dirección a la Puerta de Santiago, una de las 4 puertas que tenía la antigua ciudad y una de las pocas cosas que quedan de la antigua fortaleza portuguesa En Famosa, uno de los símbolos más emblemáticos de la antigua colonización europea y que albergaba hospitales, iglesias, residencias, etc., hasta que todo fue destruido por los ingleses. Es muy interesante ver cada rincón de Melaka justamente porque te das cuenta de la cantidad de historia y culturas que han pasado por esta ciudad, y que de hecho, todavía conviven muchas en perfecta armonía como en buena parte de Malasia. Es realmente sorprendente el multiculturalismo que existe en buena parte de Malasia y siempre todos tan bien avenidos.

Muchos edificios de la zona ya son modernos pero todavía conservan muchas construcciones coloniales o la iglesia Saint Paul, junto a la Puerta de Santiago y que era uno de los edificios que en Famosa protegía y de la que se puede ver tal y como era originalmente, pues nada se ha modificado. Está muy dañada pero permite ver cómo eran las paredes originales algo que no ocurre en algunas construcciones remodeladas. Fue construida en 1521 durante la época portuguesa pero su nombre actual viene del re-bautizo de los holandeses, ya que originalmente se llamaba la Capilla de Nuestra Señora del Cerro. Esta iglesia está en un punto algo elevado por lo que permite tener unas buenas vistas del centro histórico de Melaka llegando hasta el mar.

Muy cerca se puede encontrar la Dutch Square (Plaza Holandesa) con un molino que te avisa de que estás en zona holandesa y donde se puede ver el edificio Stadhuis de 1650 y que era el centro político de los holandeses y la residencia del Gobernador. Además es una réplica del ayuntamiento de Hoorn, una ciudad de Países Bajos por lo que la similitud con la arquitectura holandesa es total. Al lado se puede ver la Christ Church, la iglesia protestante más antigua de Malasia construida en 1740. Por lo que en un espacio de 100 metros se pueden ver vestigios portugueses y holandeses.

En la misma Dutch Square también se conserva parte de la muralla que protegía la ciudad con los cañones originales y encarada al río, junto al puente que lo cruza y por donde pasé para ir al otro lado donde se encuentra Chinatown. Hay que decir que en la Dutch Square se encuentran las típicas letras de «I love Melaka» donde hay un montón de turistas, sobre todo chinos haciéndose fotos, por lo que la plaza ha perdido parte de su encanto.

De hecho ya desde que llegas a la zona de A Famosa la presencia de turistas ya es importante y acabando llegando todos a esta plaza, que al no ser demasiado grande, se llena enseguida provocando que policías tengan que vigilar el tráfico por la cantidad de chinos cruzando de un lado para otro. Estos lugares deben verse pero prefería mucho más la zona donde estaba mi hotel, mucho más tranquilo, sin turistas y todo más auténtico.

La calle Junker es la que enlaza la Dutch Square con el puente que cruza el río y entra en Chinatown y uno de los más vivos del barrio con todo tipo de tiendas, herbolarios y restaurantes. El barrio es muy interesante ya que también forma parte del centro histórico, con calles estrechas y edificios muy antiguos pero bien conservados además de multitud de templos chinos, algunos tan bonitos como el de Cheng Hoon Teng. De todos los Chinatowns que había visto durante el viaje, éste me pareció el más anclado en el tiempo a la vez que lo más interesante de ver. Había comercios que bien podían existir hacía un siglo sin haber cambiado nada. La gente se sentaba a las puertas de las casas y todo el mundo se saludaba. Era un pequeño pueblo aislado en medio de la ciudad, incluso quedaba delimitado por el propio río.

Al cabo de unos 30 minutos de pasear por Chinatown ya fui volviendo hacia el hotel. Estaba cerca pero tenía que dar vuelta ya que debía volver atrás por el mismo puente de Junker Street para cruzar de nuevo el río. Una vez al otro lado, a Dutch Square, fui por un camino diferente el de la ida pasando por la parte posterior de A Famosa, cruzando un parque, después la zona donde la noche anterior había visto todos aquellos tuk- tuks iluminados y hasta llegar a la zona del hotel.

La ciudad estaba muy bien, con un centro histórico bien conservado y una parte nueva bastante moderna y limpia. Se veía una ciudad bien cuidada aunque, como muchas ciudades asiáticas, bastante colapsada de gente y coches debido al fuerte crecimiento demográfico del país.

Apenas eran las 11 de la mañana cuando llegaba al hotel y ya iba a tomar un desayuno-comida como los locales. Fui a un restaurante chino justo al lado del hotel y pedí «Sweet chicken rice», que era arroz estilo basil con verduras y pollo, pero a diferencia de otros lugares, en este caso había mucho pollo a pesar de que era algo más caro que en otros lugares, 8,50RM (1,80€). A diferencia de lo que ocurre en España y supongo que en buena parte de Europa,aquí, los restaurantes chinos estaban llenos de chinos, de hecho este restaurante estaba lleno y yo era el único cliente no chino, ni siquiera había malayos. Me daba la sensación de que la comida que vienen a los restaurantes chinos de Europa no es la que comen los chinos. O eso, o que ven tantos occidentales que no quieren ni entrar. Los chinos son muy cerrados y se mueven en ambientes copados por chinos. Prueba de ello son sus Chinatowns que son como ciudades chinas dentro de otras ciudades en las que absolutamente todo está escrito en chino. Ahora no estaba en un barrio chino pero era entrar en un restaurante chino y ver otra vez sólo chinos.

Hacia las 11:30h acababa de desayunar-comer y volvía al hotel a descansar un poco, pues el paseo bajo el sol había sido bastante más cansado de lo que pensaba, sobre todo por el montón de escaleras que subí y bajar.

Hice la siesta hasta las 14h cuando me desperté, me tomé un café, hice algo de trabajo y busqué la lavandería más cercana al hotel, pues ya tocaba lavar la ropa que no había podido lavar en las dos paradas anteriores, ni en las Cameron Highlands ni en la selva de Taman Negara, en este último caso simplemente porque no había ninguna lavandería en todo el pueblo.

Aquí en Melaka había una a unos 5 minutos andando del hotel por lo que fui. Había una de self-service más cerca pero yo prefiero no ir, pues normalmente hay que pagar un mínimo de varios kilos de ropa, cosa que yo nunca llego ya que llevo entre 1 y 2, por lo que al final me acaba saliendo más caro que una normal donde ademas me lo hacen todo.

Hacia las 17h salí directamente a la lavandería. Estaba en la misma zona del centro histórico donde estaba el hotel pero más cerca del mar y en dirección contraria donde había salido a pasear por la mañana, por lo que me sirvió para ver el resto de ese barrio que parecía de protección oficial de hacía siglos. Allí dejé un kilo de ropa que costaría 5RM (1€) y que podría recoger al día siguiente a partir de las 11 de la mañana, antes de lo que pensaba.

Después aproveché para dar una vuelta por aquella zona ya que estaba casi junto a la desembocadura del río Melaka hasta dónde fui. Éste era el río que por la mañana había cruzado un par de veces y que acababa desembocando aquí, muy cerca del hotel y casi junto a la lavandería. Junto al río había un paseo por donde anduve un rato observando el río y su desembocadura, algo que me gusta mucho ver y que ya había tenido la suerte de haber visto algunas durante este viaje.

Esa tarde paseé por la zona más cercana al hotel mirando los diferentes restaurantes hindúes y musulmanes que había aunque no entendía cómo funcionaban. Parecían buffets libres, pues había tinas con comida donde la gente iba pasando y poniéndose la comida, pero parecía que se tenían que pedir platos. Finalmente no fui pero creo que se trata de pedir un plato y ponértelo tú mismo, por lo que te puedes poner la cantidad que quieras. De hecho en las Cameron Highlands comí en un restaurante de este tipo donde ellos te ponían ya el arroz y después tú pasabas por las diferentes tinas para coger lo que quisieras, pagando un precio fijo. Tipo buffet libre pero que para ellos es lo normal.

Alejé de la zona más turística para pasear entre mercados, tiendas y en general todo lo utilizado por los locales, pues me gusta más pasear como un local y ser testigo de la vida quotidiana de la gente que ver ciertos atractivos turísticos.

Hacia las 20h volví hacia la zona del hotel a cenar en otro restaurante chino justo en frente del hotel (si, había uno al lado y otro enfrente) pero que no era el mismo adonde había ido a comer. Me pareció que estaría bien ya que estaba siempre completamente lleno. De hecho, nada más abrirse, ya había tantos chinos haciendo cola que se llenaban todas las tablas cuando acababan de abrir. Entré y pedí pero me dijeron que tardarían 30 minutos en servirme de tanta gente que había. Ya que no tenía prisa y el WIFI del hotel llegaba hasta allí, pues no tuve ningún problema por esperar. Pedí «Pork Parridge with Century egg», que no sabía que era pero evidentemente sonaba a cerdo y huevos.

Igual que el otro, aquí también era el único cliente no chino, de hecho incluso alguien me miró como pensando que quizás me había perdido. Por cierto, que la camarera hablaba un inglés perfecto, cosa no demasiado habitual entre los chinos aunque éste es el idioma utilizado en Malasia para comunicarse entre personas de diferentes orígenes, por lo que más o menos todo el mundo tiene un nivel aceptable de inglés.

Al cabo de unos 25 minutos me llevaron el plato, y sorpresa, era sopa, algo que no me esperaba pero en fin, con el hambre que tenía cualquier cosa me entraba. De todas formas estaba bastante bien, pues efectivamente llevaba unos buenos trozos de carne de cerdo y huevo además del arroz de siempre.

Al terminar crucé en la calle para entrar en el hotel ya con la intención de acostarse aunque este día me costó bastante, de hecho estuve enganchado a los 3 nuevos capítulos de Black Mirror y comiendo patatas fritas hasta sobre las 12 de la noche.

Acababa el primer día completo que pasaba en Melaka, que por cierto, era el mes al sur al que hubiera llegado nunca a la vida y durante el resto del viaje. Malasia por lo general me estaba gustando mucho a la vez que me había sorprendido muy gratamente por su tolerancia hacia todas las culturas que convivían en la mayoría de ciudades importantes. Incluso en algunas los chinos eran mayoría sin que esto provocara ningún problema.

29/06/2019 Kuala Tahan y excursión por libre a Taman Negara, la selva más antigua del mundo

29/06/2019 Kuala Tahan y excursión por libre a Taman Negara, la selva más antigua del mundo

Me levanté sobre las 4 de la madrugada diría que por el frío que me cogió para tener el ventilador apuntándome toda la noche, pues en Kuala Tahan, al igual que en las Cameron Highlands, durante el día hace mucho calor pero por la noche no tanta, de hecho debes ponerte al menos un jersey. Así que me desperté medio retorcido con las mantas tapándome como podía.

Como cada mañana me duché, tomé un café mientras escribía el diario, miraba correos y otros temas que de vez en cuando he de mirar en un viaje tan largo como éste. A las 6:30h preparé algo lo que haría durante el día, que sería un trekking por la selva de dificultad moderada y por libre. A diferencia de la selva de las Cameron Highlands donde fui con un guía, aquí estaba todo mucho más preparado para poder ir solo. De hecho en Cameron Highlands si no te lo conoces te pierdes, pero aquí todas las rutas estaban perfectamente señalizadas e incluso se podían consultar en Google Maps, por lo que aquí ir con un guía sólo era para que te contara la flora y fauna que te vas encontrando, algo que ya puedes realizar también con ciertas aplicaciones. Así que con el papel que me había dado la chica de la agencia el día anterior con todos los trekkings que se podían hacer, escogí uno que parecía bastante fácil, al menos sin demasiadas subidas, pues otros parecía tener una pendiente del 40% lo que no me veía capaz de hacer con el calor y humedad tan alta que había en esta zona.

A las 7:30h me puse el repelente de mosquitos, cogí el móvil y fui a desayunar a un restaurante estratégicamente situado a medio camino entre el centro del pueblo y la calle que conducía al muelle. Allí debería tomar una barca que me llevaría al otro lado del río por donde se podía acceder a la selva.

La terraza del restaurante ya estaba lleno de turistas preparados para empezar sus respectivas excursiones por la selva. Casi todos pedían el mismo tipo de desayuno americano. Yo pedí un combinado de 2 huevos, 3 tostadas con mantequilla y mermelada, fruta y café. Este tipo de desayuno van muy bien para coger energía sin quedarse tan lleno que no puedas ni moverte. Todo ello 7,50RM, 1,70€.

Una vez desayunado y cuando eran las 8 de la mañana, bajé al muelle donde ya había una barca esperando y que por 1RM te llevan al otro lado del río. Puede parecer barato pero es que el trayecto dura 1 minuto. Eso sí, nada más subir a la barca en menos de 5 minutos ya arrancó.

Podría parecer que las 8 era muy pronto, pero de hecho ya era un poco tarde, pues el sol ya hacía rato que lo iluminaba todo y empezaba a hacer calor. Hay que tener en cuenta que a partir de las 9 de la mañana, andar por la selva se hace muy difícil por el calor, por lo que vale la pena aprovechar las primeras horas del día para no sufrir tanto.

Una vez en el otro lado ya podía empezar el trekking por libre por la selva Taman Negara. Puede parecer arriesgado pero no lo es en absoluto. Esta selva está totalmente preparada por el turista y para que pueda ir por libre, a diferencia de la selva de Cameron Highlands a la que realmente ir solo era algo peligroso aparte de que habría sido imposible encontrar las Rafflesies. Aquí había incluso una pasarela a lo largo de todo el camino, por lo que ni siquiera te ensuciabas de barro. Además de carteles cada ciertos metros indicando la dirección y distancia de algunos lugares de interés. De hecho, le hacía perder parte de la gracia. Si que es cierto que así me facilitaba poder encontrar flora y fauna interesante yendo solo, pero ver tantos carteles y caminos de madera en medio de esa selva incluso decepcionaba un poco y más cuando venías de otra selva tan salvaje e inexplorada como la de las Cameron Highlands.

La intención era realizar una ruta corta ya que todavía me duraba el cansancio de los dos últimos días, además aquí la humedad era altísima por lo que se hacía aún más duro que en las Cameron Highlands. De hecho apenas eran las 8:30h de la mañana y ya se notaba el calor sofocante.

Quería ir hasta un Kanopy, que son una especie de puentes colgantes a unos 10 metros del suelo ya unos 2 kilómetros del punto de entrada a la selva. Estos puentes están hechos de un solo tronco muy grande y permiten tener una visión diferente a la selva, por lo que me hacía cierta gracia cruzar uno. También era una excusa como otra para ir en alguna dirección concreta, pues tampoco sabía exactamente dónde podría ver algún animal, que realmente era de lo que tenía más ganas.

Así que empecé la caminata no sin liarme un poco al principio ya que había que cruzar todo un resort que había allí en la entrada de la selva, lo que me extrañaba bastante por lo que intenté seguir más de un camino hasta que finalmente entendí que estaba en medio del resort por donde debía pasar, de hecho el camino transcurría en esos primeros metros justo al lado de las puertas de los bungalows. El resort me pareció muy bonito y sobre todo bien situado, pero horrible por estar viendo todo el día turistas yendo hacia la selva.

Esta vez en vez de Google Maps utilizaba maps.me ya que va mejor para seguir rutas de senderismo, y efectivamente ya venía con todas las rutas que se podían realizar por Taman Negara. Muy útil.

Así que crucé el resort e inicié la ruta hacia el Kanopy. Por el camino se podían ver plantas y árboles que nunca has visto. Me impactaron mucho unos enormes árboles cuyas raíces empezaban a un metro del suelo y que eran de un tamaño similar al tronco de un árbol normal. Eran brutales. De hecho el árbol en sí era tan alto, que las raíces no eran como las de los árboles normales, sino que entre todas acababan dando la sensación de que el árbol tenía forma de pirámide para tener una mejor base para aguantar todo el peso del árbol. Simplemente era espectacular ver esas raíces gigantes.

Apenas eran las 9 de la mañana y el bochorno ya era insoportable, sudaba como si me hubiera terminado de duchar, de hecho la camiseta literalmente goteaba. En este pueblo no podías andar más de una hora sin acabar goteando de sudor. Esto era lo que más me costaba aguantar y por lo que realmente no estaba demasiado preparado.

Continuamente iba escuchando ruiditos de animales por todas partes, también por el suelo que no sabía si eran serpientes, ardillas o que. Pero en un punto escuché mucho ruido en las ramas de lo que parecían palmeras o cómo incluso caían hojas. Me paré y por el movimiento estaba seguro de que no podían ser pájaros, así que me quedé a mirar lo que había. Todo apuntaba a que era un mono aunque no se veía. Al cabo de 10 minutos de ver las ramas moviéndose pero ningún animal, por fin lo vi. Un mono bajaba por un tronco. Fue increíble pero más aún cuando vi que no era un solo mono sino 3 saltando de una rama a otra. No me esperaba nada encontrarme 3 monos en libertad y yendo yo solo, sin ninguna guía que ya pudiera saber dónde encontrarlos. En Lopburi, Tailandia, vi a muchos, pero evidentemente no es lo mismo que verlos en medio de una selva como Taman Negara saltando por árboles de más 10 metros de altura.

Además, como los monos son tan movidos y juguetones, era bastante divertido mirarles un buen rato, pues no paraban de subir y bajar el árbol y saltar de uno a otro con una facilidad que por mucho que lo sepas, no deja de sorprender cuando lo ves en directo. Me dio la sensación de que jugaban aunque en algún momento uno parecía más bien pelearse, pero en cualquier caso no paraban y allí me quedé hasta que los perdí de vista.

Al cabo de 10 minutos de ver a los monos por allí saltando y habiendo descansado un poco, seguí por el camino hacia el Kanopy. La selva es muy espesa pero el camino es lo suficientemente ancho y sin ninguna vegetación, por lo que es realmente fácil caminar allí.

Al cabo de unos 15 minutos llegué al Kanopy, pero sorprendida, estaba cerrado. Podía ver el puente pero no se podía acceder a él. Además había un cartel que ponía estrictamente prohibido el paso. Así que me quedé sin poder ver la selva desde 10 metros de altura, aunque no deja de ser una pijada poco auténtica, una mes. Por lo que sin demasiada pena seguí con la caminata, pues ya era bastante interesante todo yendo a ras del suelo.

Eran las 10 de la mañana cuando ya había muchos mosquitos, y aunque me había puesto el repelente antes de salir del hotel, con tanto sudor cada vez tenía menos. Literalmente me estaba desapareciendo por culpa del sudor.

A diferencia de hacía una hora, ahora además el sol ya picaba bien, por lo que incluso empezaba a costarme andar. Así que busqué una ruta diferente a la que había hecho en la ida y que ya volviera al inicio. Sólo pensar que muchos tours comienzan a las 10 me mareaba, como podrían iniciar el tour con ese calor tan insoportable.

La ruta de regreso iba por la orilla del río por lo que me daba la sensación de que todavía había más mosquitos e incluso más grandes. Pero también muchas mariposas y algunas gigantes, de las que son imposibles de encontrar por Europa. Esta ruta de vuelta era muy bonita para transcurrir toda por la orilla del río, dando una visión completamente diferente a la que había tenido en la ida. Se respiraba una tranquilidad absoluta con el canto de los pájaros de fondo y el tenue sonido del agua del río. Me quedé allí un rato contemplando toda esa belleza natural pero siempre vigilando que no se me acercara alguna serpiente o cualquier otro animalillo.

Conforme me iba acercando al inicio veía a los grupos que apenas iniciaban la caminata y alucinaba de cómo podrían acabarla. A mí ese tramo final se me estaba haciendo durísimo, no sé si es que están más acostumbrados pero a mí esos 40°C y la humedad del 70℅ me estaban dejando KO. Menos mal que había desayunado bien porque sino habrían tenido que recogerme con pala.

Casi a las 11h llegaba al punto de inicio e iba directamente a la parada de las barcas para volver lo antes posible al hotel a ducharme y beber agua. Hice muy bien hacer caso a las recomendaciones de algunos blogueros que decían que lo mejor era ir a hacer los trekkings por la selva a primera hora de la mañana ya que a partir de las 10 se empieza a llenar de gente y pierde buena parte de la gracia. Además yo añadiría que a partir de las 10 debes estar hecho de una pasta especial para poder andar por medio de la selva. Nada que ver con la de Cameron Highlands donde no hacía tanto calor ni tanta humedad, aunque también hacía mucha.

En el muelle ya había una familia de chinos esperando una barca que llegó a los 2 o 3 minutos. A las 11h llegábamos al otro lado e iba directamente al hotel a ducharme. Luego me estiré un rato y aunque no quería, no pude evitarlo, me quedé bien manchado. Llevaba días de mucho cansancio y mucho calor y aquella última caminata me había dejado sin fuerzas.

Hacia las 14h me despertaba y ya no quise comer, sino esperar hasta las 19h y cenar directamente. De todas formas me había jodido un desayuno que no veas y habiendo hecho siesta podía aguantar perfectamente. Si no lo hiciera así, probablemente ese día habría ido a dormir de madrugada y al día siguiente ya se marchaba hacia Melaka.

Tomé un café mientras miraba un poco el trayecto que tenía para el día siguiente, pues iba a Melaka aunque sólo tenía billete reservado hasta Kuala Lumpur. Una vez allí debería buscarme la vida para ir hasta la estación desde donde, según Wikitravel, salían los buses directos hacia Melaka. En fin, algo de aventura pero nada comparado con lo que fue ir desde Koh Samui a George Town.

También escribí un poco el diario y leer alguna noticia, sobre todo para seguir el incendio de la Ribera de Ebro que parecía ya casi controlado después de quemar 6.000 hectáreas, aunque todavía teníamos que dar gracias ya que habían hablado de que podrían llegar a quemarse hasta 20.000.

Y sobre las 16:30h salí a dar una vuelta por el pueblo, Kuala Tahan, que aunque era de los más grandes de la zona, no tenía más de 3 calles y todos por restaurantes, pequeños hoteles y alguna agencia para los tours por la selva. De hecho era un pueblo para que los turistas que íbamos a Taman Negara pudiéramos dormir cerca, es decir, parecía tal cual que el pueblo se había hecho expresamente para poder visitar la selva. Antes de que el turismo llegara hasta aquí, probablemente este pueblo no existía.

De todas formas, evidentemente viven algunos locales, por lo que se ven niños jugando por la calle o locales toman algún zumo bien frío en alguna terraza después de su jornada laboral, muchas de las barcas que permitían llegar al pueblo. De hecho se veía claramente que de los 3 restaurantes que había, todos casi uno al lado del otro, en uno sólo había turistas (donde había ido a desayunar) a otro sólo locales (donde todavía no había ido) y un tercero con algo de todo (donde había cenado el día anterior). Al restaurante donde sólo se veían locales no fui porque la carta no estaba a la vista como en los demás, otra señal de que estaba más pensada para los locales y que si entraba un turista le podían dar otro precio, más alto, por supuesto.

Di una vuelta para, literalmente, todo el pueblo, pues aparte de ser pequeño era de los más curiosos que había visto nunca y valía mucho la pena pasar un par de horas paseando y ver cómo vive la gente . Además, donde fueras del pueblo, veías la selva a pocos metros. De paso ya iba mirando restaurantes aunque sólo había los 3 que ya había visto y ninguno me pareció mejor que lo que había ido el día anterior a cenar, por lo que decidí cenar allí de nuevo.

Hacía gracia porque me iba encontrando gente con la que había venido con la mini van desde Tanah Rata, pues al final todo el mundo se movía por la misma calle y era fácil encontrarse. Pocos turistas haciendo noche en el pueblo por lo que muy tranquilo y muy auténtico, probablemente uno de los pueblos más remotos donde había dormido.

A las 19h iba hacia el restaurante a cenar. Estaba muy bien porque era lo que quedaba más elevado y lo que permitía tener unas mejores vistas desde la terraza. Esta vez pedí pollo al curry con arroz basil. Lo cierto es que no estaba seguro de pedirlo pero al final fue todo un acierto, pues estaba mejor de lo que pensaba. Era como una pequeña olla con mucha salsa y el pollo acompañado de verduras. Parte de la salsa la puse en el arroz y todo ello quedó buenísimo, y sólo por 8 ringgits (1,70€). Además estaba sentado en la terraza con vistas a la selva y el sol poniéndose de detrás de las montañas. Impagable.

Malasia es un país oficialmente musulmán pero bastante occidentalizado y un multiculturalismo brutal, lo que hace que las normas religiosas no sean tan estrictas como en otros países musulmanes. Aquí se veían a mujeres musulmanas trabajando en cualquier lugar, ya fuera en una agencia, en los trenes, en un restaurante, etc. Siempre con su velo, pero trabajando con los mismos derechos que los hombres. Sin embargo, de vez en cuando se veía a una mujer con burka como la que se sentó a mi lado junto a su marido en aquella terraza. Esto no me sorprendió, pues también se ven por Europa, pero si me sorprendió el eructo que hizo el hombre al terminar de cenar, que resonó por todo el pueblo. Eso sí que no se ve tan por Europa demostrando que en este sentido tienen educación suficiente para no hacer algo tan desagradable en un país no musulmán. Pero claro, ahí no había ningún problema.

Después de cenar fui a uno de los 3 mini súper que había en el pueblo y que quedaba casi delante del restaurante a comprar agua y algo de comida porque sabía que todavía no tendría suficiente para dormir. Los precios eran muy similares al de un 7-eleven en una ciudad menos remota que ese pueblo. Después volví al hotel cuando ya estaba oscureciendo.

Y como pensaba hasta las 22h no tuve suficiente sueño para dormir. Hasta entonces estuve mirando «La que se avecina» mientras preparaba la maleta y comía algo más para acabar de cogerlo son. Debía dejarlo ya todo a punto porque al día siguiente marchaba hacia Melaka previo paso por Kuala Lumpur donde debería hacer un transbordo a un autobús pero que todavía no sabía cómo iría, pues el transporte hasta Kuala Lumpur ya lo tenía reservado pero no hasta Melaka.

Ya tocaba dejar la tranquilidad de las selvas de Cameron Highlands y Taman Negara para regresar a las grandes ciudades. La experiencia fue muy buena y tan inesperada, sobre todo aquí, en Taman Negara, donde no me imaginaba un pueblo tan pequeño y remoto como éste, Kuala Tahan, ni ver tantos animales como vi, incluso decenas de búfalos bañándose en el río. De hecho, cuando menos sabes de un sitio, más fácil es que te vayas contento, pues cualquier cosa acaba resultando una agradable sorpresa.

28/06/2019 De camino a Taman Negara. La selva más antigua del mundo

28/06/2019 De camino a Taman Negara. La selva más antigua del mundo

Me desperté solo sobre las 5 de la mañana después de haber dormido 8 horas. Esta noche no tuve tanto frío como la anterior, supongo que por dormir con camiseta, por lo que no me desperté ninguna vez. La noche anterior me había enganchado desprevenido, pues llevaba un mes pasando un calor insoportable y no imaginaba que aquí haría tanto frío por la noche, y más teniendo en cuenta que durante el día hacía bastante calor. En cualquier caso no podía más que agradecer aquellas noches fresquitas que me permitían dormir perfectamente.

Ese día marchaba de las Cameron Highlands para ir hacia la Selva más antigua del mundo, Taman Negara. El transporte ya lo había reservado durante la preparación del viaje y sería un poco más largo que el que me había llevado hasta aquí, pues primero iría con mini van casi 5 horas y después en barquita durante casi 3 horas más. La mini salía a las 8 de la mañana y desde casi al lado del hotel, de hecho no estaba ni a 5 minutos andando.

El precio total del transporte fue de 80RM, unos 18€, incluyendo el trayecto en barca de 3 horas por medio de la selva, un trayecto que nos ofrecería algunas sorpresas muy agradables.

Como cada mañana me duché, tomé un café mientras escribía el periódico y acabé de hacer la maleta. Tenía ropa todavía un poco húmeda ya que la había limpiado la noche anterior y con el frío que hacía no daba tiempo a secarse. En cualquier caso era poca y podría llevarla encima para que se secara cuando saliera el sol y la temperatura subía considerablemente.

Revisé la habitación ya las 7:30h ya bajaba a dejar las llaves en recepción, pues ya sabía que hasta las 8h no abrían y que debería dejar allí las llaves.

El punto de encuentro estaba a sólo 5 minutos andando y además de bajada, de hecho estaba junto a los lugares ambulantes donde había cenado los dos últimos días, por lo que a las 7:35h ya llegaba, 30 minutos antes como ponía en el billete y como siempre hacía pero que todavía no sé porqué lo seguía haciendo, pues incluso a veces, como en este caso, la agencia todavía estaba cerrada. En cualquier caso siempre es mejor llegar antes y asegurarse de qué estás en el sitio correcto.

A las 7:45h llegó el chico de la agencia a quien le pregunté si aquí era el punto de recogida algo que me confirmó y me dijo que esperara a unos bancos de fuera. Llegaron una pareja de franceses y esperamos hasta las 8:05h que llegó la mini van. Le enseñamos los billetes, los confirmó y subimos a la mini van a donde ya había una chica y un chico que no iban juntos.

El chico se notaba que estaba guardando el asiento de su lado y que estaba muy nervioso, mirando el móvil y por la ventana continuamente. Recorrimos unos 50 metros desde que habíamos subido que ya volvió a parar a recoger a una última chica. Y el chico aún más nervioso. Cuando la chica subió, saludó a la pareja de franceses de tal modo que no esperaba encontrarlos, y les saludó con mucha alegría, realmente se la veía contenta de encontrárselos allí. Pero en cambio al chico nervioso diría que ni le saludó. Ella se sentó en la fila de enfrente y vi cómo el chico dejaba de guardar el sitio que estaba guardando a la vez que dejaba el móvil y de mirar por la ventana. Entonces lo entendí todo, era un tarado. Deduje que la conoció allí al igual que conoció a los franceses y el chico ya debería enamorarse simplemente porque la chica era muy alegre y el tarado ya debería pensar que eso significaba que ella mostraba algún interés por él. Y sabiendo que ella vendría a la misma mini van, todo enamorado y tarado le guardaba el sitio para que se sentara a su lado mientras todo nervioso miraba por la ventana si la veía a la vez que iba mirando el móvil para saber si estaban en el punto donde ella esperaría en la mini van, aunque finalmente la chica ni le saludó y mucho menos se sentó a su lado. Es de los típicos que no saben cuándo una chica no está mostrando ningún interés por él y que acaba haciendo el ridículo. Además era un poco raro, como muy nervioso todo el rato, sin entrar ya en que la chica era musulmana y con el velo, lo que significa que al menos está prometida.

El trayecto con mini van hasta el pueblo donde haríamos el transbordo en la barca se alargó 3 horas y media y fue un poco movido ya que aunque el señor era el conductor más responsable que había visto hasta ahora tan en Tailandia como en Malasia, la carretera era de curvas constantes y asfalto bastante irregular en algunos tramos, por lo que fue un cansado.

Yo sabía que ese trayecto era en mini van y en barca, pero no sabía ni dónde cogeríamos la barca ni cuánto duraría el trayecto. De hecho yo iba siguiendo el camino con Google Maps y parecía que se podía llegar a Kuala Tahan sólo por carretera aunque se daba bastante vuelta. Realmente sí que parecía que si parte del trayecto lo hacíamos por el río éste sería más corto.

A las 11:30h llegamos a una estación de mini vanos a orillas del río en un pueblo de menos de 10 casas, que de hecho parecía que estaba allí únicamente por haber esta estación, pues parecía la puerta de entrada a la selva desde el río. El pueblo eran literalmente dos restaurantes, 2 o 3 mini súper y un par de casas más donde supongo que vivían los de la agencia. Sólo estos 4 edificios junto a un enorme río rodeado de selva.

v

Yo no tenía ni idea de qué teníamos que hacer ahora, nada, así que seguí las indicaciones del chófer que en todo momento nos explicó y acompañó. Entramos en la oficina donde dejamos las maletas y nos pusimos en una cola. Por cierto, aquella oficina era una pasada, pues no tenía toda una pared que justamente daba al río y que por tanto permitía tener una vista guapísima y bien ancha del río que quedaba a escasos 5 metros. Y no es que fuera de cristal, directamente no había pared. Yo me quedé unos minutos allí embobado mirando al río.

Nos dijo que fuéramos pasando por el mostrador donde había dos chicas. Yo fui de los primeros. La chica me dio un papel en el que tenía que indicar mis datos, el hotel donde me alojaría y los días que estaría en Kuala Tahan. Aquello era la solicitud para entrar en la selva además del permiso para poder hacer fotos, evidentemente pagando. En total 6RM por la entrada y el permiso para poder tomar fotos, unos 1,20€, suficientemente aceptable teniendo en cuenta que no tenía ni idea de este pago y estos imprevistos siempre preocupan, pero mientras ronden los 1 o 2€ no pasa nada.

Después la chica me hizo algunas preguntas de qué tenía pensado hacer, cuántos días, etc, para intentar ofrecerme aquellas opciones que más se ajustaran a lo que buscaba. Yo la verdad es que aún no me lo había mirado demasiado, pues pensaba mirarle aquella tarde al llegar al hotel de Kuala Tahan, así que le dije la poca idea que tenía en ese momento, que era hacer alguna de las rutas de nivel moderado por libre, pues por Internet había leído que por esta selva se puede ir solo perfectamente, pues todas las rutas están perfectamente indicadas, y puesto que en las Cameron Highlands ya había ido con un guía, ahora prefería ir por libre. Así que ella me marcó en un mapa la zona que podía hacer por libre y que quedaba cerca de Kuala Tahan y además me dio otra hoja en la que había 6 tours que podría contratar. Me fijé en uno que se hacía de noche para tener más posibilidades de ver animales, ya que éstos salen más de noche. Los demás no me parecieron demasiado interesantes ya que eran casi lo mismo que lo que podría hacer yo solo pero con un guía delante que de vez en cuando te dice el nombre de alguna planta o te da alguna explicación de que puede valer la pena que para mí no compensa el hecho de ir todo el rato como un borrego detrás de un tío. También me indicó dónde estaba el punto de recogida del transporte que al cabo de dos días me llevaría hacia Kuala Lumpur, mi próxima parada del viaje, que aunque no era su agencia me lo explicó todo igualmente. Realmente fue muy amable y me aclaró bastantes cosas en muy poco rato.

Después tuve que ir a pagar los 6RM pero antes tuve que ir a buscar cambio, ya que sólo tenía billetes de 50 y tan grandes no aceptaban. Por la hora que era ya casi que habría comido, pero pregunté a los dos restaurantes que había y todavía estaban cerrados, así que fui a uno de los mini súpers y compré agua, 3 panecillos tipo bollycao pero de crema de trigo y plátano y una bolsa de patatas. Me lo comí junto a un parque bajo la sombra de los árboles y después ya fui a pagar. Me dieron el comprobante del pago y el permiso para entrar en la selva de Taman Negara por lo que ya lo tenía todo para seguir el camino. El barco salía sobre las 13h y apenas eran las 12:15h, por lo que todavía tenía tiempo.

Hacia las 12:30h volví a la agencia donde había mesas para sentarme y además con las vistas al río. Allí ya había 5 o 6 personas también esperando. Dos de ellos eran la chica musulmana y el pesado que le iba detrás sin darse cuenta de que la chica pasaba de él. Ella primero estaba sola con el portátil sentada hasta que llegó el chico y sin ni asno ni besa se le sentó junto a decirle cosas sin ni considerar que la chica quizás estaba haciendo algo importante en el portátil. La cara de la chica lo decía todo, completamente sería sin apenas hablar, cuando por lo poco que la había visto, era una chica muy risueña y charlatán. Ademas el chico intentaba ligar con una chica musulmana con velo, es como de tontos.

Aproveché para escribir un poco en el diario hasta las 13h que la chica nos avisó para ya ir a embarcar. El embarque podía ser a las 13h oa las 13:30h, por lo que todavía tuvimos suficiente suerte tal y como quedaba reflejado en la cara de la chica que nos iba avisando, también una chica muy alegre y que parecía más contenta ella que nosotros para salir ya ahora. Ella misma nos dijo a mí ya otra chica que los dos íbamos solos por lo que nos sentaríamos juntos en la barca, por lo que entendimos que serían bancos de dos.

Bajamos unas cuantas escaleras para llegar al muelle y sorpresa, aparecieron la musulmana y el pesado que también se sentarían juntos, pobre chica. El chico bajó todo nervioso como siempre le veía y cuando iba a ayudar a la chica a quitarse la mochila, ésta le hizo un gesto de desaprobación quedándose ella de pie y con la mochila encima. Yo todavía no podía entender cómo el chico no se daba cuenta de que ella simplemente quería perderlo de vista, incluso me daba la sensación de que le daba cierta grima.

La barca era muy alargada y estrecha y, efectivamente, con bancos de dos. Medía unos 12 metros de largo por sólo 1 de ancho. Todas las maletas irían bien hacinadas en la proa del barco. Así que de dos en dos nos fueron avisando para subir a la barca. Los seis últimos fuimos los que ya más o menos conocía, que éramos mi compañera y yo, la musulmana y el pesado, y la pareja de franceses que subió conmigo a la mini van saliendo de las Cameron Highlands. El resto no habían venido con nosotros desde Cameron Highlands. Que por cierto, en los 3 últimos bancos, y por tanto, a nosotros 6, no había chalecos salvavidas…

Los bancos realmente no eran bancos, sino una almohada puesta en el suelo por lo que no quedabas realmente sentado, sino medio estirado. Era incomodísimo y sólo de pensar que debería estar 3 horas así ya me dolía todo. Era como estar sentado en el suelo pero con una pequeña esterilla. Lo bueno es que quedábamos muy cerca del agua y todo era más auténtico, por no hablar de la propia barca que parecía sacada de una peli de Indiana Jones. Yo en ese momento sólo pensaba cómo había llegado hasta allí y cómo había podido acabar en aquella situación.

Pero nada más iniciar el trayecto todo cambió. Nos adentrábamos en la selva más antigua del mundo por el río, una experiencia única que recordaba a los más aventureros. La imagen que se tiene de la selva desde el río es completamente diferente a otra, pudiendo apreciar totalmente los meandros y la vegetación que entraba hasta el mismo río. De la misma manera tendríamos la oportunidad de ver animales que no habríamos podido ver de otra manera, y todo antes de llegar, pues esto todavía era el trayecto para llegar al pueblo donde pasaríamos la noche. La cosa prometía.

Pero lo realmente impactante llegó cuando, sin esperarlo nada, vimos a un grupo de búfalos en el río. Ni siquiera sabía que en aquella selva había búfalos y mucho menos que pudiéramos verlos tan claramente desde la barca. Fue increíble, una de esas cosas totalmente inesperadas y que te dejan completamente perplejo. Nadie nos lo había avisado y ni siquiera en ese momento el piloto de la barca decía nada, por lo que la sorpresa fue mayúscula. Pero no sólo vimos uno de grupo, sino 3 a lo largo de todo el trayecto, 3 grupos de búfalos en diferentes zonas pero siempre en el río. Supongo que esa hora no hacen otra cosa que bañarse, pues el calor es insoportable.

Además de los búfalos también vimos monos y todo tipo de pájaros por no hablar de la vegetación, mucha de ella completamente desconocida para nosotros y árboles de más de 30 metros de altura.

Al cabo de las 3 horas de disfrutar de aquel trayecto inolvidable, que por cierto, se me hizo más corto de lo que pensaba, supongo que por lo interesante que era todo, llegamos al muelle de Kuala Tahan, un pueblecito de 2 o 3 calles y hecho únicamente para que los turistas puedan dormir cerca de la selva.

Eran las 16h cuando desembarcábamos en el muelle. Algunos irían con una mini van hasta otro punto del pueblo ya que les quedaría más cerca del hotel, pero no era mi caso puesto que a mí me quedaba más cerca el hotel desde el mismo muelle. Aún así estaba a 10 minutos largos caminando, que puede parecer poco pero teniendo en cuenta los 40ºC, la humedad del 70% y que sólo al principio ya había una pendiente del 40% y de unos 30 metros de largo, pues todo junto se hizo más duro de lo que parecía en un inicio.

De hecho, con el cordero que había aguantado hasta entonces sin sudar demasiado, ahora, en 15 minutos había sudado 5 veces más de lo que había sudado en todo el día. Llegué al hotel con la camiseta goteando, pero goteando literalmente, y de sudor está claro…

Yo, al ver que el hotel estaba a medio kilómetro del muelle, pensaba que estaría en medio del pueblo, pero al ser un pueblo tan pequeño, ese medio kilómetro ya hacía que quedara completamente en las afueras. De hecho quedaba en medio del bosque sin nada al lado, sólo un hotel más, todo el resto del pueblo quedaba a una distancia de unos 100 metros del muelle. De hecho se podría decir que el pueblo en sí sólo tenía 3 calles de unos 50 metros de largo cada una.

Finalmente, al cabo de casi 20 minutos desde que había salido del muelle y después de haber hecho 5 o 6 paradas para descansar durante el camino, llegué al hotel. Nunca había tardado tanto rato en recorrer medio kilómetro. El hotel era más bien un resort y era realmente todo muy bonito, pues no era un edificio sino un conjunto de casitas donde cada una de ellas era una habitación, además de la recepción y otra que parecía una lavandería. En medio de todos los bungalows, caminitos de piedra, césped y espacios donde tumbarse, todo ello de madera y muy auténtico. Así descrito podría parecer que era un sitio caro para dormir, pero no, de hecho era el más barato que había encontrado por Internet. Y además la habitación que tenía reservada tenía capacidad para 4 personas, por lo que era una habitación enorme.

Fui hasta la recepción donde ya había un chico que me esperaba. Ya tendrán controlado a qué hora llegan las barcas para estar pendientes, pues hay tan pocos turistas que más vale controlar la hora que pasarse todo el día en la recepción. Antes de hacer el check-in el chico me dio la llave de la habitación ya que, supongo que como todo el mundo, llegué tan cansado y sudado que primero me permitió dejar las cosas y ducharme tranquilamente.

La habitación era cara (unos 16€ por noche) en comparación con otros hoteles de otras ciudades, pero es que era una habitación con 4 camas, uno de matrimonio mas una litera. Además baño propio, escritorio y dos ventiladores. Y lo mejor, claro, es que eran casitas independientes, por lo que tenía varias ventanas aunque había mucha humedad, supongo que en un sitio como aquel en medio de la selva es inevitable. Pero en cualquier caso y como ya he dicho antes, era la habitación más barata que encontré en este pueblo.

Así que me duché y tomé un café mientras me miraba los papeles y tours que me había dado la chica de la agencia antes de embarcarme. Al cabo de una hora larga salí y el chico, pobre, todavía estaba esperando en la recepción. Yo no sabía si haría ahora el check-in o lo haría al marcharme, pues tampoco me había dicho nada, pero en cualquier caso la habitación debía pagarse.

Así que fui hacia donde tuve que anotar un montón de datos en el libro de registro, incluso cómo y cuándo marchaba de allí. Él me dio una botella de agua bien fría que me fue perfecta y pagué los 149RM, unos 32€, por las dos noches que pasaría. Lo bueno es que no me cobró la tasa turística cosa que no entendí, pues se supone que todos los hoteles deben cobrarla y en principio nunca está incluida en el precio. De hecho éste fue el único hotel de Malasia que no me cobró esta tasa.

Y una vez pagada la habitación, duchado, hidratado de nuevo y sin dejar la botella de agua a la que me aferraba como si fuera oro, fui directamente a dar una vuelta por el pueblo, Kuala Tahan, un pueblo de unos 300 habitantes, de los cuales la mayoría son turistas, con 2 o 3 calles, justo a orillas del río y junto a la selva Taman Negara. Un pueblo único, muy inaccesible y con pocos turistas, aunque la mayoría del pueblo lo eran. De hecho, se veían pocas casas, probablemente todas de locales que trabajaban o en un restaurante, hotel o agencia de viajes.

Estuve cerca de hora y media paseando por el pueblo aunque en 20 minutos ya se podía ver todo. Mientras paseaba fui mirando a los restaurantes que había, que en principio eran sólo 3, por lo que sería fácil elegir lugar donde cenar. Había salido del hotel hacia las 18h y sobre las 19:30h ya iba hacia el restaurante donde decidí cenar, entre otras cosas, porque tenía la carta fuera bien visible. Además no parecía el mas turístico de los 3 y tenía una terraza que daba a la calle principal y que permitía ver justo delante de la montaña con la selva Taman Negara y el sol poniéndose detrás, una imagen realmente única y que no me imaginaba ver en ese momento sentado en la terraza de un restaurante. Poder cenar con aquellas vistas en un pueblecito de 3 calles rodeado por la selva más antigua del mundo era algo que no imaginaba hasta que llegué, y la verdad es que no tenía precio.

Pedí arroz frito con ternera. Aquí en Malasia los tipos de carne disponibles todavía se reducían un poco más que en Tailandia, pues cerdo no había en ninguna parte, por lo que debía ser o pollo o ternera. Me senté en la terraza a contemplar la puesta de sol justo detrás de la selva a la vez que podía ver la calle principal del pueblo iluminándose poco a poco desde una posición privilegiada.

La comida estaba buena pero quizás no tanto como en otros pueblos, algo que ya me esperaba por la poca competencia que tienen allí y supongo por la dificultad de hacer llegar hasta allí todos los productos. En cualquier caso estaba lo suficientemente bueno y lo importante de aquella cena no fue tan la comida sino disfrutar del momento y de la situación. Estuve allí hasta las 20:15 cuando el sol ya se había escondido completamente. Los mosquitos ya hacía rato que daban vueltas aprovechando las horas de claridad pero de menos calor justo antes de la puesta de sol y de éstos ya se tenía que tener más respeto. De hecho ya me habían picado algunos y eso era algo que me preocupaba, pues aquí te podían pasar cualquier enfermedad. Mientras estuviera aquí ya no saldría de la habitación sin haberme puesto el repelente de mosquitos.

La cena no fue lo más bueno que había probado en Malasia pero era bastante más barato de lo que me esperaba teniendo en cuenta dónde nos encontrábamos. La cena me salió por 6RM, 1,20€, precios similares a otras zonas de Malasia.

Después ya fui directamente hacia el hotel a mirar alguna peli ya dormir sobre las 21h, lo que no me costó nada porque había sido un día largo y bastante duro, sobre todo el trayecto de 3 horas en la barca , que aunque fue un trayecto único, no dejó de ser muy cansado físicamente. El pueblo ya me lo conocía por haber dado sólo una vuelta de menos de dos horas, por lo que al día siguiente ya iría a comprar a alguno de los dos mini-súpers que había visto. Eso sí, aquí no había 7-elevan.

De camino al hotel me encontré a la pareja de franceses que ya había conocido en Tanah Rata antes de coger la mini van que nos llevó hasta aquí, bueno, hasta el pueblo donde hicimos el transbordo a la barca. De hecho, al día siguiente, acabaría encontrando a todo el mundo que conocía un poco del trayecto hasta aquí, pues era todo tan pequeño y había tan pocos lugares donde alojarse que lo difícil hubiera sido no encontrarse. No podía dejar de pensar en lo extraño que había sido ese trayecto desde las Cameron Highlands hasta aquí, pues a diferencia de otros trayectos, éste no sé bien porque, pero no recordaba bien cómo debía ser, supongo que por la cantidad de buses, vuelos y hoteles que había reservado. De hecho no me esperaba que fueran tantas horas en barca y con ese tipo de barca. Aunque yo lo había reservado y todo fue tal cual decía en la reserva, todo ello supuso cierta sorpresa para mí haciendo que en ese momento todavía estuviera pensando en los búfalos y monos que habíamos visto por el río en aquel trayecto esperaba hasta que me encontré dentro de esa barca. Cuando algo ocurre sin que te lo esperes por completo y va todo tan bien, la alegría y satisfacción es doble. De hecho, sin haberse adentrado todavía en la selva, para mí haber llegado hasta allí ya había merecido la pena.

27/06/2019 Plantación de té, Mossy Forest, trekking por la jungla y Rafflesia

27/06/2019 Plantación de té, Mossy Forest, trekking por la jungla y Rafflesia

Me desperté a las 4:30h después de haber dormido las 8 horas de rigor. Probablemente ésta fue la noche que mejor dormí en todo el viaje dejando de lado la noche en el tren. En las Cameron Highlands por la noche hace bastante frío por lo que las habitaciones no necesitan tener ni ventiladores. Dormí bien tapado toda la noche, inédito. Además este hotel me daba la sensación de que estaba casi vacío, de hecho todavía no había visto otra osta, por lo que el silencio era absoluto a todas horas.

Este día sería probablemente el mes cansado hasta entonces ya que estaría todo el día haciendo un tour por diferentes selvas, plantaciones de té y poblados casi indígenas. Sobre todo uno de los dos trekkings que haríamos duraría más de 3 horas caminando por una de las selvas más inaccesibles de las Cameron Highlands y probablemente de todo Malasia en busca de la mayor flor del mundo, la Rafflesia, una flor que puede medir más de un metro de diámetro! Así que tocaba prepararse bien por el día que me esperaba.

En el hotel había un restaurante donde servían desayunos que no estaban incluidos en el precio pero que iría a tomar para tener energía suficiente para aguantar hasta la hora del almuerzo. Normalmente no como nada hasta el almuerzo, pero hoy más valía comer huevos fritos. Así que tenía previsto ir a las 7:30h a tomar un buen desayuno antes del tour que era a las 8:40h. Hasta entonces como todas las mañanas, me duché, tomé un primer café, escribí el periódico, mirar correos, finanzas y leer alguna noticia. Estaba en la otra punta del mundo y sin parar ni un día pero seguía estando bien informado.

A las 7:30h ya tenía la mochila preparada, básicamente con un impermeable, repelente de mosquitos y agua y ya bajé al restaurante a desayunar. Para acceder al restaurante primero se tenía que salir del hotel, pues la entrada del restaurante estaba en el patio. Al bajar vi que la puerta principal del hotel todavía estaba cerrada y la propietaria todavía no estaba. Abrí la puerta y salí al patio pero el restaurante también parecía cerrado y sin nadie dentro. Esperé 5 minutos en el patio y viendo que no había nadie volví a la habitación a cargar el móvil por completo ya dejarlo ya todo preparado para sólo coger y marchar rápido.

A las 8:10h volví a bajar y ahora sí que el restaurante estaba abierto. Dentro había una pareja que no supe exactamente si eran malayos o hindúes pero si parecía quedarse un poco sorprendidos de verme. No debería haber demasiados clientes y menos a esa hora. De hecho incluso le pregunté si podía desayunar, ya que la cara que puso parecía no entender qué hacía allí. Le pedí un american breakfast que era tortilla, perritos calientes y tostadas con mantequilla y mermelada a más de otro café. Realmente uno de los mejores desayunos que se puede hacer para obtener energía por un día duro pero sin quedarte tan lleno que no puedas ni empezar a andar. Lo cierto es que después de comer todo aquello y tomar el café, salí a la puerta del hotel a esperar al guía bien fresco y listo para lo que fuera.

Hacia las 8:30h apareció la propietaria, que por cierto hablaba con la pareja del restaurante en inglés, lo que me hizo pensar que la propietaria no era malaya, de hecho por lo que ya no lo parecía. Rápidamente fui a buscar la mochila y el ticket de la reserva y fui hacia fuera a esperar al guía.

A las 8:42h llegó el guía con el Jeep. Yo era el primero por lo que me dijo sentarme en el lugar del copiloto (a la izquierda). Nos presentamos y fuimos a buscar a los otros 5 integrantes del grupo. Él se llamaba Joe y parecía indígena. De hecho, la mujer del hotel hablaba de los indígenas que eran los que sabían encontrar las Rafflesies. Jeep era muy auténtico y con unos cuernos sobre el parachoques. Eso sí, se le veía bastante atropellado, señal de lo complicado de los caminos por los que iríamos.

Muy cerca de mi hotel, en la misma carretera, ya estaba el hotel donde recogimos a 3 chicas, dos alemanas y una australiana que se sentaron justo detrás de nosotros. Y bastante más lejos, de hecho ya parecía otro pueblo, los dos últimos, una pareja de irlandeses que se sentaron en la parte trasera. Por cierto, el chico era idéntico a Zelda, de hecho daba la sensación de que quería parecerse a él, pues incluso el peinado era igual.

Y una vez todos los del grupo dentro del Jeep fuimos directamente hacia la selva, o jungla como le decía Joe, a hacer el trekking más complicado para buscar las Rafflesies. El trayecto fue de unos 45 minutos e incluso pasamos a otro estado, en Jinlong.

Para entrar en la selva teníamos que entrar primero en lo que parecía el caminito de acceso a una granja de fresas, un tipo de granja también muy abundante en las Cameron Highlands. Tuvimos que subir con el Jeep por un caminito muy estrecho, irregular, lleno de baches y con una pendiente de al menos el 45% que conducía hasta la entrada de la granja y que se adentraba unos metros más en la jungla hasta un punto donde el camino ya era impracticable y ya no había más remedio que dejar el Jeep y seguir andando. Empecábamos así el trekking por la jungla.

Nos poníamos todos repelente, cogíamos la mochila con el agua y los 6 mes el guía empezábamos a caminar. Ya de entrada debía cruzarse un puente hecho de varias cañas de bambú. Y de hecho sería el primero de unos cuantos ya que deberíamos cruzar el río varias veces.

Los primeros 200 o 300 metros eran relativamente fáciles, pues se hacían por un caminito de medio metro de ancho, fangoso e irregular, pero al menos era plano. Pero después, una vez todos pensábamos que todo el camino sería así, complicado pero plano, el guía se detuvo y dijo, «climbbing time», señalando un camino aún peor y con fuerte pendiente de bajada. Empezaba el trekking de verdad y seguiría así durante 3 horas.

Hasta entonces el camino era más fácil porque por aquella zona pasaban empleados de la granja para arreglar las canalizaciones que tenían para recoger el agua del río, pero por dónde iríamos ahora ya no se pasaba tanto y eso se notaría . De hecho el guía ya tenía el machete preparado para ir cortando las ramas que se nos pusieran por delante.

Por suerte ese día no llovía pero si había llovido el día anterior por lo que el suelo era muy fangoso y lleno de charcos. Tenías que ir cogiendo a las ramas sobre todo en las bajadas más fuertes para no resbalar. El guía nos comentaba que el día anterior llovió a cántaros y que andar por allí no sólo era casi imposible sino a más peligroso. Nosotros íbamos con calzado normal pero él llevaba unas botas indicativas de que ese camino ya lo había hecho un montón de veces con un palmo de agua.

Hasta entonces los puentes de bambú nos habían parecido un peligro enorme y un milagro que ninguno de nosotros hubiera caído al río, pero ahora ya tocaba cruzar el río sin puente, por unas rocas mojadas y resbaladizas. El guía fue saltando por las rocas como una cabra montesa, pero los demás íbamos pisando 4 veces cada roca antes de saltar, incluso alguna se sentaba en una roca antes de pasar a la otra. Y más de uno, yo incluido, acababa mojando el pie en el río agarrándose bien a la roca para no mojar aún más. Al menos eso limpió un poco el barro que ya llevábamos por media pierna…

El camino se iba complicando por momentos ya que había árboles caídos en medio del camino o algunos troncos bajos que te obligaban a ir agachado unos metros. Por suerte el camino no desaparecía ya que los mismos guías iban cortando algún tronco o caña de bambú de vez en cuando pasaban. Además, los propios turistas con sus pies hacían que no creciera nada en el estrecho camino que íbamos siguiendo.

En las Cameron Highlands, durante la noche la temperatura es muy agradable, incluso hace frío, pero durante el día hace tanto calor como en George Town, por lo que tienen una variación de temperatura entre día y noche brutal . Había pasado una muy buena noche pero ahora volvía a hacer un calor insoportable, que sumado a la alta humedad de la selva, hacía que la sensación de calor fuera de más de 40ºC, y más debiendo hacer ese camino subiendo, bajando y agachando- tiene continuamente. Todo ello era bastante más duro de lo que parecía en el tríptico.

Y finalmente, al cabo de dos horas de subir y bajar pendientes cada vez más pronunciadas, el guía se detuvo, se volvió para mirarnos y allí vimos la primera Rafflesia. Era un espectáculo. De tan grandes que son crecen y se quedan en el suelo, pues no hay tronco capaz de aguantarlas. Tienen un color rojo muy intenso y la parte del medio está vacía. Dentro tienen el polen pero buena parte está vacía, es muy raro e incluso algo angustioso. Dentro de si ven un montón de mosquitos y guindillas entrando y saliendo, de hecho los notas como te pican en la cara cuando te acercas a mirar. Aquella medía unos 60 cm de diámetro aunque el guía nos enseñó una foto de una que encontró de 120 cm de diámetro, el doble que aquélla, algo realmente espectacular.

Íbamos pasando uno por uno para hacer las fotos y una vez las hice y fui hacia dónde estaban los demás, de repente todos gritaron, ¡NO STOOOP! Me detuve de repente aún sin saber si me lo decían a mí oa otro hasta que se acercó el guía para señalarme que había estado a punto de pisar dos hijas de Rafflesia, dos de esas flores que apenas median medio palmo cada una. Menos mal que me detuve a tiempo, pues de estas flores hay poquísimas y no quisiera haber sido recordado como el que mató a una.

Después de que todos hubimos hecho las fotos de rigor seguimos caminando por un caminito con fuerte pendiente pero que en pocos minutos nos llevó a otra Rafflesia. Era curioso porque allí donde había una, normalmente había alguna muerta en los alrededores, y siempre más pequeñas que aún tenían que abrirse. Según decía el guía, estas flores se abren en cuestión de días, es decir, puedes ir un día y ver una bola pequeña en el suelo, e ir al día siguiente y encontrártela abierta y con un tamaño 5 veces superior. En esta segunda es donde el guía nos tomó una foto a cada uno junto a la flor.

Yo que pensaba que quizás no encontraríamos ninguna y de momento ya llevábamos dos. Algunas agencias de Tanah Rata no garantizaban encontrarlas, mientras que ésta sí, y ahora entendía por qué. El guía era un tío que llevaba viviendo allí toda su vida y se conocía aquella selva como si fuera su casa. Venía todos los días, se conocía todos esos caminitos imposibles, buscaba las flores y sabía volver al mismo lugar para enseñarlas. Yo flipaba.

Después de ver la segunda Rafflesia y explicarnos que el nombre venía de Raffle, su descubridor, mas Asia, el lugar donde la encontró, seguimos subiendo montaña entre ramas y raíces para llegar a la tercera y última Rafflesia que veríamos, de las grandes está claro, porque de pequeñas aún por abrirse vimos más de diez. Tres puede parecer poco, pero es muchísimo, de hecho hay gente que hace la excursión y no encuentra ninguna, todo depende del guía que te toque. Además hay que tener en cuenta que son flores muy difíciles de reproducirse y crecer, por lo que hay realmente pocas.

Y una vez vistas 3 de las flores más grandes del mundo y cuando ya llevábamos más de dos horas de trekking, iniciamos el camino de regreso hacia el Jeep. El tramo inicial lo hicimos por otro camino hasta que llegamos al camino utilizado en la ida. Ahora parecía fácil un camino que hacía dos horas parecía impracticable. El poder de la relativización y de la experiencia, aunque sea poca.

Encontrar a Rafflesias era el objetivo principal de aquel trekking pero ni mucho menos el único que ver. Por el camino íbamos viendo plantas y flores rarísimas, mariposas gigantes de casi un palmo de ancho y otros insectos y pájaros que nunca había visto. Realmente era un pase caminar por esa selva rodeado de tanta biodiversidad tan desconocida por la mayoría de nosotros.

Hacia las 12:30h llegábamos al Jeep todos suadísimos excepto el guía, que además era el que iba más tapado para evitar las picaduras de los mosquitos. Como podía estar tan acostumbrado a la humedad que ni siquiera sudó ni un poco con el rato que llevábamos andando. Estábamos todos muy cansados pero muy contentos de haber visto tantas Rafflesias, pues ninguno de nosotros lo esperaba. Apenas habíamos hecho la primera de las actividades del día y yo ya no podía más, de hecho si me hubieran dicho que volver al hotel habría aceptado de inmediato. Pero menos mal que no porque todavía quedaban muchas cosas interesantes por ver.

La próxima parada que haríamos sería en el pueblo de Orang Asli Settlement Village, un pueblecito, de los que yo llamo muy auténtico, de los que apenas tienen agua corriente, de los que cada vez cuesta más ver y mas encontrar, de los que te enseñan muchas más cosas que las grandes ciudades, de los que en cierto modo te cambian un poco la vida. Un pueblo indígena casi parado en el tiempo en el que todavía cazan lanzando un punzón con veneno a través de una caña. Poder ver, visitar e incluso charlar con estos habitantes es una de las mejores experiencias que pueden tenerse.

Llegamos al pueblo en menos de 5 minutos, pues estaba casi junto a la selva. Antes de bajar del Jeep ya podíamos ver cómo eran las casas. Para mí eran casas a punto de caer y algunas parecían hechas por ellos mismos con lo que encontraban por la selva, pero el guía nos explicó que aquellas casas les dieron el estado, ya que antes sí que vivían en casas hechas por ellos con caña de bambú, por lo que lo que ahora vemos, que parecían barracas, eran palacetes comparados con las casas en las que vivían no hacía demasiados años. Eso si, el pueblo era muy pequeño, yo conté unas 10 o 12 casas puestas sin demasiado orden, quedando un espacio más amplio en medio donde jugaban unos niños. El suelo era de arena e irregular, pero ellos se lo pasaban bien allí corriendo y viendo a aquellos turistas que venían sólo a tomar fotos. Eso sí, los niños eran muy curiosos y no paraban de preguntar, aunque no hablaban inglés por lo que no podíamos mantener una conversación.

Primero nos enseñaron una herramienta hecha con cañas de bambú que junto con agujas con veneno, utilizaban para disparar soplando a los animales. Decían que cazaban pájaros y monos. Lo probamos en una diana y era complicado. Yo disparé dos veces y en la segunda me acerqué bastante al centro de la diana, aunque creo que estaba demasiado cerca, a menos de 10 metros que era la distancia a la que ellos disparaban para no asustar al animal en cuestión.

Después dimos una vuelta por libre de unos 15 minutos por el pueblo donde había unos 10 niños siguiéndonos por donde íbamos. Parecía que veían turistas o simplemente gente de fuera del pueblo muy de vez en cuando, pues sólo que les sonrieras, como yo hice, ya te iban siguiendo con una sonrisa allá donde ibas, sin molestar, simplemente mirando y siguiendo curiosos por aquella gente que llegaba de repente en ese pueblo parado en el tiempo. Eran realmente muy graciosos, y como mucha otra gente, uno de ellos llevaba una camiseta del Barça, a quien le intenté decir que yo era de Barcelona pero que creo que no me entendieron, por un lado porque no parecía hablar inglés y por otro porque quizás ni sabían que Barcelona también es una ciudad.

El pueblo no hacía ni una hectárea y evidentemente no tenía ninguna parte asfaltada, de hecho ni siquiera tenía orden en la ubicación de las casas. El terreno era irregular y las gallinas corrían por todas partes. Lo impactante era que para nosotros vivir allí sería imposible pero por lo que nos contaba Joe, la vida en aquel pueblo ahora era mucho más fácil que antes, incluso los niños iban a la escuela.

Poder conocer la vida de estos pueblos en primera persona es algo apasionante y más si puedes hablar con sus habitantes. De hecho esto es probablemente lo que más me gusta viajar a lugares más remotos. Esta visita no me la esperaba y para mí fue lo mejor del día. Nunca olvidaré la sonrisa de aquellos niños mirándome fijamente, simplemente esperando a que me moviera para seguirme, haciéndoles este hecho tan simple, los niños más felices del mundo.

Después de ver el Orang Asli Settlement Village fuimos a comer deshaciendo parte del camino hecho, pues la selva y el pueblo recién visitado eran los puntos más alejados de Tanah Rata, por lo que a partir de ahora, en cada nueva visita estaríamos un poco más cerca del punto de salida/llegada.

Al cabo de unos 10 minutos llegamos al restaurante que estaba en un pueblo similar a Tanah Rata aunque algo más pequeño y por lo que me pareció, con no tantos hoteles como en Tanah rata. Aquí todo el mundo parecía local y los negocios como los que puedes encontrar en cualquier ciudad. El restaurante era un buffet libre por lo que aproveché para comer de todo un poco. Primero nos daban una bandeja con varios compartimentos y en uno de ellos te ponían directamente arroz basil, y después ya podías pasar por las tinas de comer a coger lo que quisieras. Había varios tipos de carne hecha de varios modos, ensaladas, empanadas, panes, etc. Yo cogí conejo al curry, pollo rebozado, ensalada de pepino, un tipo de pan con especias, una especie de mini pizza y patatas que parecían estofadas que me mezclé con el arroz y la ensalada de pepino. Nos sentamos juntos en una mesa y empezamos a comer. Me jodí muy fino.

Me lo terminé casi todo, de hecho sólo me dejé un par de cucharadas del arroz, pero de todo lo demás nada. Había desayunado muy bien pero después de la caminata tenía ya mucha hambre, y de hecho aquella comida me fue perfecta y era el primer buffet que hacía en ese viaje, que de vez en cuando ya va bien sobre todo por la variedad de platos que allí puedes encontrar.

Todos comieron bastante pero sin duda yo fui el que más comí. Y todo ello una botella de agua grande sólo por 16RM, 3,40€.

Al cabo de unos 45 minutos ya fuimos hacia la siguiente parada, que sería una de las plantaciones de té de las Cameron Highlands, siguiendo deshaciendo camino hacia Tanah Rata.

Primero fuimos hasta un «view point» desde donde se veía buena parte de la plantación, y si no se veía mas era porque las propias montañas la tapaban. De hecho, la plantación llegaba hasta donde llegaba la vista, era simplemente inmensa. Le dije a Joe que era mayor de lo que creía y él me respondió que aquella era pequeña, que íbamos era porque era la mejor preparada para recibir visitas, pero no para ser la mayor…

A continuación Joe nos dejó en la entrada del complejo donde caminamos hasta la fábrica para hacer una visita de unos 15 minutos ya sin Joe, donde se podía ver cómo una máquina abría los grandes, a continuación unos trabajadores lo ponían en una cinta en la que se trituraba y según su tamaño resultaba en un tipo de té u otro. Había toneladas de granos de té arrastrados por las cintas que nunca paraban porque continuamente llegaban mas camiones llenos. Estaba completamente prohibido tomar fotos y de hecho lo vigilaban mucho, señal de la gran competencia que hay en este sector y en esta zona, siendo muy recelosos de enseñar mas de la cuenta o incluso de contar mas de la cuenta. Los secretos de la producción no se veían ni se contaban.