12/10/2016 Segundo día en Miami: Miami Beach

Este dia, que era el primer día efectivo del viaje, fue el día que más aproveche de todo el viaje, supongo que porque era el primero. Quería ir hasta Miami Beach pero sin usar transporte público, para así ver la ciudad mientras hacía el camino. Me encanta simplemente andar por las ciudades y ver a la gente en su día a día, ver como es realmente la ciudad. Miré en Google Maps si era factible ir hasta Miami Beach andando y me pareció que si, aunque estaba a unos 10 kilómetros. Pero pensé, bueno, serán unas dos horas y media andando, salgo bien temprano y tengo tiempo de sobra para ir y volver hasta que se haga de noche. En ese momento aún no había caído en que descargando previamente los mapas de Google Maps puedes usar el GPS sin necesidad de tener conexión a Internet (que evidentemente allí no tenía pues no contraté ningún servicio de Roaming), así que miré la ruta desde el apartamento y guardé las indicaciones en el móvil. Pero aunque tengas todas las indicaciones de por donde ir, tienes que ir buscando cada calle, su nombre y en qué dirección ir. En resumen, el trayecto que debería haber hecho en dos horas y media lo hice en casi 4! Sí, llegué a Miami Beach pero a punto de morir de cansancio y de calor, pues otro error que cometí por ser mi primera salida fue no mirar el tiempo. Aunque estábamos a mediados de Octubre, la temperatura en Miami era de mas de 30ºC que sumado a la humedad parecía que estábamos a mas de 40. Era como andar por la selva tropical y yo vestido con tejanos y jersei y sin haberme llevado agua.

Salí a las 9 de la mañana cuando la temperatura aun era aceptable y siguiendo las indicaciones que llevaba guardadas. Parece mentira como me costaba tanto orientarme usando las técnicas de siempre, que es mirar carteles, nombres de calles y preguntando a la gente mientras sigues tus anotaciones. Después de acostumbrarse al GPS, volver a los carteles se hace muy complicado. Aun así, al dia siguiente agradecí no tener la posibilidad de usar el GPS ya que estas pequeñas complicaciones hacen que luego todo te parezca mas fácil además de recordarlo mucho mas.

A los 30 minutos de andar salí de Litlle Havanna y poco a poco iba llegando al centro de la ciudad, ya con muchos menos cubanos y muchos mas rascacielos. En poco rato había pasado de estar en una zona que parecía un pequeño pueblo de Cuba a una zona que parecía la típica ciudad americana.

El camino se hacía largo y sobretodo muy cansado. No salí en absoluto preparado y ni siquiera había mirado la temperatura que haría. Iba como alguien que sale a pasear media hora tranquilamente por el centro de la ciudad pero estaba haciendo una excursión de casi 8 horas bajo un calor sofocante.

Miami en general me estaba gustando bastante. Era muy típicamente americana con sus autobuses escolares, rascacielos, semáforos horizontales, y aunque había muchos indigentes, en general la ciudad estaba limpia y son zonas excesivamente marginales. Esta era la primera vez que estaba en EUA y me hacía cierta gracia ver cosas típicas americanas que solo había visto en películas, como los autobuses escolares o los taxis.

Poco a poco me fui acercando a la costa dirigiéndome hacia el puente para cruzar a la isla de Miami Beach. El puente parecía mas corto de lo que realmente era. En un momento, cuando ya llevaba casi 3 horas andando consideré en dar la vuelta y volver al apartamento, pero ya me encontraba cruzando el puente que conecta con Miami Beach, un puente larguísimo que tardé 45 minutos en cruzar. El problema de no tener los mapas es que no sabes cuanto queda, pero ves que te acercas y piensas, venga un poco más. Por cierto, mientras cruzaba ese puente vi una barquita ardiendo, un helicóptero evacuando a sus tripulantes y un montón de bomberos apagando el fuego.

Ya no podía mas pero ya estaba tan cerca de Miami Beach que no quería regresar.

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A las 3h y media de andar por fin vi El Cartel: Welcome to Miami Beach! Por poco lloro, había llegado a Miami Beach. Pasé por delante de todas las mansiones de los famosos, era impresionante. me paré unos minutos a hacer fotos pues desde allí tenía una visión perfecta del típico skyline de Miami. Tras pasar esa parte de mansiones ya se entraba en la isla donde me paré en el primer parque que encontré con una fuente de agua. Estuve como 10 minutos bebiendo agua y como media hora sentado en un banco, ya no podía más, pero había conseguido llegar y ver buena parte de Miami en solo medio día. Para volver consideré tomar un autobús pero no tenía ni idea de qué lineas llegaban a Little Havanna y estaba demasiado lejos como para que alguien pudiera darme buenas indicaciones. Así que cuando hube descansado un poco emprendí la vuelta andando de nuevo, al fin y al cabo ya conocía un poco el camino y llegaría sin dar tantas vueltas. Como curiosidad, cruzando de nuevo el puente hacía la parte continental de Miami, me encontré iwanas! Allí hay por todos lados, pero evidentemente yo nunca las había visto andar por la calle, iwanas y ardillas. Para alguien que va por primera vez a Miami es realmente impactante ver esos animales andar por als calles de una gran ciudad como si fueran gatos o palomas.

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Este puente era bastante curioso porque por si solo ya era un pueblo. El puente llegaba hasta Miami Beach pero por el camino conectaba con varias islas muy pequeñas, por lo que en muchos tramos del puente realmente no parece que estés en un puente ya que contínuamente pisas una nueva islita con sus calles y sus mansiones. Es un pequeño remanso de paz en medio de Miami y Miami Beach.

La primera parte fue fácil, pues solo se trataba de cruzar el puente, pero una vez llegado a Miami continental todo se complicó. Las indicaciones que había guardado eran para ir a Miami Beach, así que tenía que seguirlas pero a la inversa, parecía fácil pero no lo fue. Me perdí más que en la ida. Sinceramente no quería coger un taxi porque esa era la solución fácil y menos interesante, aparte de ser la más cara, y en un viaje de dos meses no puedes empezar a coger taxis ya el primer día. Así que me dije a mi mismo que intentaría llegar a pie hasta que se hiciera de noche. Fue una odisea y en ese momento bastante duro, pero una vez superado se convirtió en un gran aprendizaje, crecimiento personal y una buena anécdota para contar. Tras salir a las 9 de la mañana del apartamento, ya eran las 5 de la tarde y yo seguía perdido por las calles de Miami, pero tan lejos del apartamento que nadie sabía exactamente cómo guiarme hasta mi calle. Antes he comentado que es fácil encontrarse debido a que los nombres de las calles son números, pero el problema es que la ciudad se divide en 4 (NO, NE, SO y SE) y si estás fuera de tu zona pues ya no es tan fácil.

Todo empezó al poco tiempo de llegar a Miami continental. Me empecé a liar con los giros y poco a poco, en vez de situarme, me iba alejando más del camino correcto, hasta llegado un momento que no me sonaba nada de lo que veía. Ya hacía rato que iba por calles por las que no había pasado en la ida y no había manera de saber por donde tirar. Lo de ir por un camino algo distinto lo hice expresamente para poder ver mas cosas de Miami, pero en una ciudad que no has visto nunca y en una zona sin una estructura de calles clara, estos experimentos no se pueden hacer a menos que vayas con el GPS. Al cabo de 4 giros de calle ya me convencí que estaba completamente perdido.

Y sin casi darme cuenta, me encontraba en una zona totalmente desconocida sin saber por donde ir y viendo como aquella zona cada vez era menos parecida al Little Havanna. Además quedaban menos de dos horas para que se hiciera de noche y parecía que en cualquier momento se pondría a llover. Había conseguida llegar a Miami Beach pero la vuelta estaba siendo agónica.

Pero el peor momento de la caminata y posiblemente del viaje, fue cuando me perdí en un barrio marginal cuyos habitantes eran todos de raza negra, y aunque eso al principio no me pareció malo (sería muy racista si me lo hubiera parecido) si que lo fue cuando tras preguntar en una tienda a la que había entrado a comprar agua, un cubano me supo indicar bastante bien donde estaba la Little Havanna, pero acabó la explicación con un: «pero corre!» Me quedé a cuadros. Le pregunté a qué se refería y me dijo que me había metido en un barrio muy peligroso, la verdad que lo parecía pero no hasta el punto que me dijeran que saliera de allí, literalmente, corriendo. Así que haciendo caso al buen cubano, salí de la tienda y, cansado como estaba después de horas de andar sin parar, empecé a correr como nunca lo había hecho. En ese momento ya informado del barrio, si me fijé en que todo el mundo me miraba como pensando, que hace este blanco aquí? Todo eran bandas, indigentes, drogadictos y gente armada, que en EEUU es normal, pero si no estás acostumbrado pues sorprende un poco. Con el cansancio que llevaba tras 7 horas caminando y con la sed que tenía, ni siquiera me di cuenta de en que barrio me estaba metiendo.

Siguiendo las indicaciones del buen cubano y sin parar de correr llegué a mi calle, la Av 8! Pero si mi apartamento estaba en el SE en ese momento yo estaba en NE. Bueno, al menos ya reconocía el nombre de la calle aunque no la zona. Con todo esto ya eran las 18h, ya se hacía de noche y para acabar de rematarlo empezó a llover, pero no lluvia normal, sino como es debido en Miami, una buena lluvia tropical. Cansado, mojado, de noche y aun asustado por el barrio en el que me había metido, fue en ese momento cuando pensé, si la próxima persona a que le pregunte no me sabe indicar bien, ahora si cogeré ya un taxi, pues una vez en la Av. 8 pregunté a 4 o 5 personas mas que no supieron indicarme de tan lejos que estaba aún. Por suerte me dijeron que iba bien aunque tenía que andar un poco. Así que para no estropear la excursión al final, decidí llegar andando costara lo que costara, ya total que mas daba. Estuve andando una hora mas aproximadamente por la Av. 8 pero no me preocupaba, pues esa era mi calle. Incluso llegué a pasar de largo el apartamento pues aun no conocía bien la zona y ya era completamente de noche. Además estaba seguro que el apartamento estaba en un lado de la calle pero estaba totalmente equivocado, estaba en el otro lado, el que yo no miraba Cuando me pareció que me había pasado pregunte y efectivamente así me lo confirmaron. No pasó nada, pues solo me había pasado unos 200 metros. Volví atrás fijándome bien en cada casa y por fin lo encontré, 10 horas después de salir allí estaba, mi apartamento. No os imagináis la ilusión y orgullo propio que se siente cuando consigues algo que en tantos momentos del día pensabas que no conseguirías, no el hecho de llegar, sino más bien llegar a pie, sin más ayuda que unas indicaciones, carteles y preguntando a la gente. entre, me cambié y me tumbé. Creo que nunca había estado tan cansado pero a la vez tan contento y orgulloso de haber conseguido lo que me había propuesto. Y sin que me pasara nada más que mojarme, cansarme y pasar un poco de miedo en algun momento. Pocas veces he dormido tan bien como ese día.

Estas cosas son complicadas en el momento pero una vez conseguidas dan una satisfacción personal enorme y te dan una fuerza que ya se recuerda y se mantiene para siempre. Cuando haces una cosa una vez, la harás una segunda vez con menos dificultades. Finalmente había conseguido lo que en un momento dado me pareció imposible. Con esfuerzo pocas cosas se nos resisten.

Los otros dos días enteros que estuve en Miami fueron mucho más tranquilos y más preparados (ropa más ligera y agua). Algo que me sorprendió de los inmigrantes cubanos fue que así como muchos adultos ni siquiera hablaban inglés, los hijos de dichos inmigrantes no solo hablaban inglés sino que lo hablaban entre ellos, entre hijos de inmigrantes cubanos. Lo vi cuando pasé por delante de una escuela en la Little Havanna justo cuando salían los alumnos. Todos parecían hijos de cubanos pero ninguno hablaba español.

Sobretodo paseé por el barrio de Little Havanna y la verdad es que es un barrio muy tranquilo y agradable de visitar, lejos del ruido de buna parte de Miami y con unos vecinos muy amables. Y ciertamente algo extraño de sobretodo escuchar el idioma español por las calles pero a la vez casi todas als casas con la bandera estadounidense, demostrando así su intención de romper con el pasado y empezar una nueva vida para ellos y sobretodo para sus hijos en ese nuevo país que hasta el momento les había acogido tant ben.

Tercera parada en México: Tuxtepec

Después de la ciudad de Oaxaca, la siguiente parada fue Tuxtepec, una ciudad oaxaqueña con un termino municipal enorme (de unos 900 km2) y que hace frontera con el estado de Veracruz. Igual que ya ocurrió en el trayecto entre Mexico DF y Oaxaca, la mejor opción era el autobús, por precio e incluso por tiempo, pues en avión hay muy mala combinación. El problema del autobús como siempre en México, las carreteras. Está la opción del trayecto largo y más cómodo, o el corto pero más incómodo. El primero va por autopista pero da mucha vuelta pues tiene que rodear la Sierra. se supone que este trayecto dura unas 10 horas. El segundo, es el que yo hice cruza toda la Sierra y en teoria tiene una dureción de 6 horas y media (auqnue en mi caso fue de 9h). Este trayecto es realmente duro y es conveniente tomarse algun calmante para quedarse dormido. Yo no me tomé nada, no pude dormir y fue literalmente, el viaje más duro qeu he hice hasta ese momento. El 80% del trayecto transcurre por la Sierra y durante horas no hay ningún tramo recto, continuamente son curvas. Eso si, las vistas que tienes son impresionantes igual que el propio trayecto. Cruzando la Sierra se para en publecitos casi fantasmas donde prácticamente viven 3 familias que su modo de vida es vender cosas a los pasajeros del autobús. Igualmente impactante es pasar de estar a temperaturas de 0ºC en plena Sierra a temperaturas de más de 30ºC al llegar a Tuxtepec aunque sean las 10 de la noche. Al final, lo que tenía que ser un viaje de 6 horas y media se convirtió en uno de casi 10h, pero eso es bastante normal en México y seguramente yendo por autopista también habría sufrido retrasos, pues el problema fue en las cercanías de Tuxtepec donde el tráfico era muy lento (no supe si fue por bloqueos como en Oaxaca o por otros motivos). Este tipo de trayectos son difíciles de aguantar cuando se estan haciendo, pero luego se convierten en una parte igual de importante que el resto del viaje y en un montón de experiencias y recuerdos. Además te hacen más fuerte, yo después de aguantar ese viaje me veo capaz de aguantarlos todos.

Como ya he comentado llegué casi a las 10 de la noche. Bajé del autobús con toda la ropa de abrigo que llevaba pues venía de la Sierra donde casi nevaba. Fue salir del autobús y sentir la mayor bofetada de calor y sofoco de toda mi vida. Fue muy impresionante el cambio de temperatura a pocos kilómetros de distancia. Esto me hizo aprender por segunda vez que debemos informarnos del clima en todas las ciudades que vayamos a visitar, pues nada tenia que ver la temperatura de Oaxaca, en la Sierra o en Tuxtepec, estando los 3 sitios en el mismo estado de México. En la misma terminal de autobuses me estaba esperando un conocido que me había ayudado ha encontrar el apartamento en el que me alojaría durante el próximo mes. Solo pisar por primera vez Tuxtepec me di cuenta que allí las normas se pueden cumpli o no, pues al bajar me encendí un cigarro sin darme cuenta que ya teníamos que entrar en la terminal y le dije a mi amigo, espera que estoy fumando (pues en la puerta ponía claramente prohibido fumar)y el policía que había en la puerta me dijo: «da igual, pase pase». Cuando estás de vacaciones se agradece que las normas sean flexibles aunque no opinaría lo mismo si viviera allí. Allí mismo tomamos un taxi y directos al apartamento pues ya pasaban de las 10 de la noche.

El apartamento estaba en uno de los mejores barrios (o colonia como les llaman) de Tuxtepec, Costa Verde. Llegamos de noche y no me fije en el barrio, la verdad que tampoco tenía muchas ganas en ese momento después del viaje en bus. El apartamento estaba muy bien, era completamente nuevo, de hecho creo que yo lo estrené. Esa noche pedimos una pizza y a dormir.

Allí iba a quedarme casi un mes, así que al dia siguiente me instalé bien y comprobé si alguna cosa no funcionaba. La nevera e Internet parecía que no funcionaban así que le mandé un mensaje al propietario a quien aún no conocía. Y si, le envié un SMS porque aún no había comprado una SIM mexicana. El propietario me llamó enseguida y al cabo de pocos minutos ya estaba en el apartamento. Pensaba que solucionar lo de la nevera e Internet llevaría unos cuantos días pero la verdad es que no, todo se solucionó ese mismo día. El propietario directamente compró una nevera nueva que trajo uno de sus trabajadores cargándola como podía. La conexión a Internet fallaba solo por un cable, así que lo cambió y todo perfecto. Otra ventaja de viajar, le das valor a las pequeñas pero importantes cosas de la vida.

Tuxtepec se encuentra justo en la frontera entre los estados de Oaxaca y Veracruz y está rodeada por el río que hace de frontera natural entre ambos estados. La zona es de clima tropical con temperaturas y humedad muy altas durante todo el año y lluvias muy fuertes en algunas épocas del año. De hecho las inundaciones son uno de los problemas principales en Tuxtepec debido al río que rodea la ciudad y que se puede desbordar tras unos días de intensas lluvias. A unos 3 o 4 kilómetros de Tuxtepec hay una presa en el río pero no para acumular agua para meses mas secos, sino para evitar que el río se desborde e inundé la ciudad. Les sobra agua. La presa se abre y se cierra para canalizar el agua haciendo que fluya de forma controlada, aún así son numerosas las veces que Tuxtepec queda cubierta por un metro de agua. Hay que añadirle la mala red de alcantarillado, algo no exclusivo de Tuxtepec, pero que en su caso es muy grave pues las afectaciones para el tráfico y la ciudad son enormes.

En cuanto a seguridad, Tuxtepec es una ciudad segura a pesar de las circunstancias. Por su situación geográfica ésta ciudad no está libre del narcotráfico, pero hay que decir que mientras no formes parte de este mundo no te pasará nada, de hecho, en muchos aspectos son los propios cárteles los que se encargan que no haya delincuencia que afecte a los ciudadanos normales. Y cuando hay enfrentamientos entre ellos, que los hay, son enfrentamientos mortales pero sin daños colaterales.

La arquitectura de Tuxtepec es la típica de Oaxaca, edificios bajos, casitas de una sola planta muy coloridas. Se respira el mismo ambiente que en otras ciudades, con mucha vida en la calle, muchos vendedores por todos lados y mucha amabilidad y hospitalidad. De hecho, no me sentí solo ni un solo día en Tuxtepec, aunque viajaba solo, pues el propietario del apartamento me llevó a cenar a uno de sus restaurantes y a enseñarme un poco la ciudad. Eran aproximadamente las 7 de la tarde cuando estaba con el propietario hablando frente al apartamento y empecé a notar centenares de mosquitos tocándome las piernas, pues iba en pantalón corto. A los pocos minutos le hice saber al propietario que creía me estaban acribillando los mosquitos y me dijo: «Claro, es que como te atreves a ir en pantalón corto». Al día siguiente tenía decenas de picaduras y los tobillos medio hinchados. Así que, cuando viajes a ciertas zonas no te olvides del repelente para mosquitos y de llevar pantalón largo cuando empieza a ponerse el sol.

 

Hierve el agua

Este fue el único tour organizado al que fui en todo el viaje, pues no soy muy aficionado a este tipo de tours pero en ocasiones es casi la única manera de ver ciertos lugares. Como a Hierve el Agua, una zona impresionante pero de difícil acceso

Segunda semana en México: Oaxaca

El transporte público en México (a excepción de México DF) es bastante deficiente. Prácticamente no existe una red ferroviaria y a muchos estados ir en avión es inviable. La mejor opción es el autobús. Existen varias compañías de autobús de larga distancia que son la mejor opción para ir de un estado a otro, pues en muchos casos viajan de capital a capital directamente. Lo malo es que en muchos casos no hay autopistas, y si las hay, dan demasiada vuelta ahciendo que el viaje dure mucho más.

En mi caso, fui de México DF a Oaxaca capital con la empresa ADO que es la que dispone de los mejores autobuses. Evidentemente los billetes son algo más caros que otras compañías como Cuenca, más utilizada por los mexicanos, pero en viajes de 8 o 9 horas vale la pena pagar un poquito más, pues de todos modos los billetes son muy baratos. La estación central d autobuses ADO está muy cerca del aeropuerto y es enorme y con casi tanta seguridad como en el aeropuerto. Me sorprendió el hecho que para subir al autobús hay que pasar un control de seguridad como cuando subes a un avión. Pero la verdad, estas cosas que pueden a priori molestar un poco, al final tranquilizan mucho.

El viaje hasta Oaxaca era por carreteras secundarias o autovías por lo que es relativamente tranquilo. Se hacen varias paradas, cada 3 horas aproximadamente, por lo que no se hace pesado. Y bajaba en todas las paradas que hacía aunque la mayoría de pasajeros no bajaban (supongo que estaban más acostumbrados que yo a hacer esos largos trayectos). El trayecto habría durado lo previsto, unas 6 horas y media, si no fuera porque en esa época el sector de la educación estaba casi en una huelga permanente, con paros en las escuelas y cortes en las carreteras. Casi llegando a Oaxaca (y teniendo en cuenta que en esa ciudad es donde se vivían las protestas más contundentes), la carretera estaba cortado por los maestros. Antes de seguir tengo que decir que estoy totalmente de acuerdo con sus reivindicaciones, pues sus condiciones laborales son pésimas. El objetivo de los trabajadores de la educación solo era impedir el paso de mercancías, por lo que solo los camiones quedaban completamente bloqueados durante uno o varios días, a los coches y autobuses se les dejaba pasar, pero claro, el paso era sumamente lento. Ninguno de los pasajeros se quejó en absoluto del retraso que eso estaba provocando, pues imagino que todos estaban de acuerdo, pues los maestros no son los únicos perjudicados por el Gobierno Federal. A mi, por supuesto, tampoco me importaba, es más, pude ver en primera persona un corte de carretera como nunca había visto, centenares de personas acampadas en medio de la carretera y decenas de camiones totalmente parados. El corte era en un pueblecito a pocos kilómetros de Oaxaca, un pueblo casi fantasma y con camiones quemados en casi todo el pueblo para evitar la circulación de camiones, la imagen era impactante.

Finalmente llegamos con una hora de retraso, algo que me supo mal porque el propietario del apartamento que alquilé en Oaxaca fue a buscarme a la terminal de autobuses. Intenté contactar con él antes de llegar pero me resultó imposible, por lo que el pobre hombre estuvo una hora allí esperándome. Por lo menos él ya sabía cual era el motivo más probable del retraso. Los que hayáis alquilado apartamentos por Airbnb quizá os haya sonado raro esto de que el propietario fue a recogerme a la terminal. Pues si, es raro, de hecho esa fue la primera y única vez que el propietario fue a recogerme a mi llegada, algo que por supuesto agradecí mucho. La suerte que tuve con ese alquiler, aparte de que la casa era impresionante, fue que yo era su primer inquilino y querían que todo fuera perfecto, como finalmente fue. Lo bueno de Oaxaca es que es muy barato, por el mismo precio de una habitación en Miami en Oaxaca pude alquilar una casa unifamiliar con un jardín enorme en el mejor barrio de Oaxaca (con seguridad privada incluida).

El transporte público de Oaxaca:

El barrio en el que me alojaba estaba lejos del centro, así que al día siguiente de mi llegada fui a tomar un bus urbano para ir a ver el centro. Allí les llaman camionetas y son como minibuses muy antiguos, algunos sin puertas pero muy auténticos. El propietario de la casa me dio indicaciones de donde cogerlo, así que allí me dirigí. Pero cuando llegué a la calle no encontré ninguna parada de bus, así que caminé un poco en dirección al centro para buscar a alguien que me indicara. Le pregunté a la primera persona que me contré y me dijo: «Si puede toma el urbano aqui mismo». Me extrañó porque seguía sin ver ninguna parada y era mucha casualidad que justo la parada estuviera allñi donde pregunté. Pero efectivamente vino un minibus, el señor me dijo que levantara la mano y el minibus paró. Más tarde me enteré que no hay paradas, que esos urbanos paran donde alguien les llama y donde algun pasajero les dice que pare para bajar. Comodísimo!

 

Primera semana en México: CDMX

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Durante los 50 días que estuve en México nadie me robó, nadie me secuestró, nadie me pegó, ni siquiera nadie me pidió dinero por la calle (algo que en Barcelona pasa continuamente). Evidentemente si vas cargado de joyas pues quizá si alguien intente robarte, pero si usas el sentido común y tomas unas medidas de seguridad básicas, no te pasa nada. Lo digo porque no fueron pocas las personas que al decirles que me iba a México me decían, «pero allí no secuestran a la gente?». De hecho, los únicos momentos en que tomaba más medidas de seguridad eran cuando tenía que ir con la maleta. Por ejemplo, del aeropuerto al hotel fui en uno de los llamados taxis seguros. Estos taxis son un poco más caros pero estan totalmente controlados y el pago se hace en una oficina, no al taxista. Por lo demás, nada en especial, simplemente sentido común como en cualquier otro país.

lo primero que sorprende al entrar en México DF es el caos circulatorio. Es una ciudad enorme repleta de coches sin seguir demasiado las normas de tráfico. Tardamos una hora y media para llegar al hotel, pues los atascos eran constantes. Y de hecho hubiéramos tardado mucho más si no fuera porque el taxista es el más interesado en llegar lo antes posible ya que el precio está ya acordado y pagado antes de subir. Cobran lo mismo tarden lo que tarden.

En CDMX me alojé en un hotel en el centro de la ciudad, la ubicación era perfecta aunque el hotel no (se encontraba a 5 minutos andando del Zócalo). Lo primero que me llamó la atención fue el ascensor, pues no tenia puerta de seguridad, de hecho lo encontré muy peligroso. La habitación estaba limpia pero todo muy viejo, las sabanas agujereadas, la TV no funcionaba,… Pero no le di ninguna importancia pues al hotel solo voy a dormir, el resto del día a ver la ciudad. Así que llegué, deje la maleta y me fui a ver el Zócalo.

Lo primero que me llamó la atención fue la gran actividad laboral de CDMX. Hay vendedores de todo tipo en todos lados, la expresión quien quiere trabaja toma más sentido que nunca. Es cierto que la regulación no es tan estricta como en otros paises, o si lo es, las autoridades no lo controlan tanto, pero lo cierto es que las ganas de ganarse la vida como sea se ve en cada esquina de la ciudad. Lo que más abunda, como no, son los puestos de tacos, bici-carritos parados o en marcha con la comida más típica de México.

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