Me desperté a las 8 de la mañana después de haber dormido unas 11 horas, eso si, despertándome 3 o 4 veces debido a que cualquier persona que hablara en cualquiera de las habitaciones de la misma planta se escuchaba como si hablara a mi lado, literalmente, y claro, como siempre está el típico mal educado que se cree que vive solo en el planeta, pues hicieron que me despertara varias veces. De hecho había una pareja en la habitación de al lado que de tan mal educados que eran ya tachaban la subnormalidad perdida. A las 12 de la noche entraron gritando como si estuvieran en su casa, y mira que en la entrada de la galería había un cartel muy grande que ponía estar en silencio. Pues ni putu caso, gritando como gilipollas, porque no se les puede llamar de otro modo. Vale que las paredes eran de pladur y no paraban el ruido, pero si tienes que gritar te puedes ir fuera y llamas todo lo que quieras, no en las habitaciones como si fueras superior al resto de humanos cuando estás durmiendo en uno de los hoteles más baratos de George Town. De hecho dormí mucho mejor la noche anterior en el tren, menos horas pero mejor aprovechadas.

Me duché y me tomé un buen café que me sentó mejor que nunca. Después de estar tantas horas tumbado te levantas medio rígido y con cierto cansancio, por lo que el café me ayudó mucho. Estuve anotando todos los gastos de los dos últimos días en Excel ya que eran unas cuantas y además había hecho un pago con tarjeta y una retirada de efectivo, por lo que tenía bastantes cosas que controlar. Además envié un par de correos, uno a Agoda, desde donde había reservado el hotel, para decirles que no me habían avisado del pago de la tasa turística, y otro a Bnext ya que al detalle de la retirada de efectivo no aparecía el tipo de cambio aplicado, y a mí me parecía estar un poco por debajo del oficial. Fue complicado porque apenas llegaba la conexión a las habitaciones, de hecho casi que llegaba mejor la señal de la conexión de la cuarta planta que la de la segunda que estaba en la que estaba yo.

Hacia las 11 de la mañana salí a dar una vuelta por George Town. Lo bueno de esta ciudad es que es relativamente pequeña y muchas de las cosas más interesantes se pueden ver sólo caminando, de hecho ésta es la mejor manera de ver la ciudad. Además, si algo bueno tenía el hotel era su ubicación, literalmente a menos de un kilómetro de los 17 sitios que había guardado en Google Maps para ver. Además estaba en Chinatown, que sólo por eso ya vale la pena. A 30 metros había un mercado, el Campbell Market, que el día anterior estaba cerrado por ser el domingo pero que ahora ya estaba abierto. Era todo de comida y había paradas donde limpiaban y cortaban enormes peces. Eso sí, era un mercado de los auténticos, con toda su suciedad y olores muy desagradables.

Por Internet había leído que lo mejor era no preparar ninguna ruta, sino ir andando y ahora girar por aquí y ahora por allá, y eso es lo que fui haciendo durante la mañana. Cuando veía una calle interesante entraba sin mirar por dónde iba, y de este modo es como iba encontrando muchos de los lugares que tenía guardados para visitar y sobre todo los famosos murales del ya conocido arte urbano de George Town. De hecho algo que me hizo mucha ilusión de encontrar y que fue de pura casualidad, fue probablemente el mural más famoso y que tanto había visto en imágenes. El de un hombre pintado en la pared y una moto de verdad delante, dando la sensación de que el hombre va subido a la moto. Es de esas cosas que has visto muchas veces y que no te esperas ver, por lo que cuando de repente te las encuentras delante de ti al dar una esquina, hacen el doble de gracia.

Por cierto que la ciudad parecía otra, pues hoy era lunes y como ya se sabe, los domingos la actividad es casi nula debido a que Malasia es un país oficialmente musulmán, por lo que los domingos muy poca gente trabaja o sale. Hoy era el lunes y la actividad era frenética. Por fin veía los famosos puestos ambulante por doquier. Además gracias a la multiculturalidad de George Town y de Malasia en general, había sitios hindúes, chinos, malayos, etc. De todo y mucho.

Fui andado por calles con mercados, arte urbano, viendo templos y siguiendo el camino para llegar hasta el mar. Sin saberlo estuve viendo muchos de los templos que tenía anotados por ver y también sin saberlo iba hacia el mar donde había 4 o 5 lugares más que tenía anotados.

Algunos de los templos chinos que me fui encontrando de casualidad fueron el Yap Kongsi, el Thean Hou Templ, el Goddess of Mercy Temple o el Seh Tek Tong Cheah Kongsi. Ademas la decisión de ir por una calle paralela al mar y que acababa en el paseo marítimo también fue buena ya que me permitió encontrar 4 puestos mas que tenía anotados y un mercado enorme donde todo eran puestos ambulante de comida, al menos 30 o 40 y de todo tipo, ya fueran chinos, hindúes, turcos o malayos.

Cuando llegué al mercado eran las 13h y al ver tanta comida ya no pude aguantar mas. Quería esperar lo máximo posible ya que después de comer me cuesta mucho más seguir paseando, pero como ya había caminado dos horas y estaba bastante lejos del hotel, lo que me obligaría a seguir caminando si o si, decidí comer allí . Además me costaría encontrar tanta diversidad de lugares de comida como tenía en ese sitio.

Entré y no pude ni recorrer una quinta parte de los sitios cuando ya me paré en uno chino. La mujer me dijo que me sentara y como los platos que había me parecieron bastante interesantes me quedé allí mismo. De hecho no fue la mejor idea ya que mi hotel estaba justo en Chinatown y si quería comer chino no hacía falta ir tan lejos, pero en fin, era el segundo día en Malasia y todavía tenía tiempo de probarlo de todo.

Pedí un Chong Qing Noodles, que en ese momento aún no lo sabía pero resultó que era sopa. Cuando me la llevaron pensé, hostia es sopa, pero después lo agradecí, ya que hizo que no acabara con la barriga tan llena que ya no quisiera ni moverme. Además era una sopa típica china que era algo que jamás había probado. Hay que tener en cuenta que la comida de los restaurantes chinos que hay por Europa no es comida típica china sino lo que ellos creen que nos puede gustar para que vayamos. Ellos comen otras cosas, y algo muy típico es ese tipo de sopas. Era de tallarines con huevo, verduras e incluso chile. Todo ello con palillos y la cuchara típica que ellos utilizan, más pequeña pero a la vez más profunda y alargada. Nunca he pedido tenedor en restaurantes asiáticos pero es que además aquí ya no era posible, pues ya ni siquiera los tenían. Y la verdad es que me costaba un poco, pero al tener cierta práctica seguramente no hice tanto el ridículo como otros harán. El precio del plato fue de 6 ringits (1,20€). Cabe decir que aquella especie de mercado era más caro que los puestos ambulante que había por la calle pero por el contrario podías escoger entre muchas opciones, ir al lavabo y sentarte en una mesa buena, a cubierto y con ventiladores, cosa que los puestos ambulante a lo sumo tienen una mesa, y que si está al sol te puede resultar muy difícil comer, eso si no te da un golpe de calor y deben recogerte con una pala. Y aunque fuera una sopa había mucha cantidad, y junto al huevo duro, hizo que realmente quedara harto pero no tan lleno como para no querer ni moverme de allí. Realmente fue el tamaño justo para el almuerzo y seguir paseando.

Antes de irme miré qué lugares de los que tenía guardados en Google Maps me quedaban cerca. Ya estaba casi en el paseo marítimo y vi que en un radio de 300 metros tenía 5 sitios de los guardados para visitar.

Primero pasé a ver la mansión Pinang Peranakan, otra de las mansiones construidas durante la época colonial y que se han ido manteniendo, por lo que ahora son auténticas joyas arquitectónicas. Cabe decir que otras mansiones no han podido mantenerse y ahora están en estado de ruina. Ver una mansión como aquellas medio derruida da incluso pena y te hace pensar en lo caro que debe ser su mantenimiento para que un día el propietario decida dejarla abandonada.

Caminar por el centro histórico es realmente un pase y muy entretenido. Los contrastes son impresionantes y en más de una ocasión ni siquiera parece que estés en Malasia. Especial gracia me hacían las cloacas y algunos edificios públicos, como el de bomberos, de un estilo colonial muy bien conservado.

Luego ya fui hasta el paseo marítimo. Por el camino, pues estaban casi junto al paseo, vi el Penang Town Hall y el MBPP Town Hall, dos edificios simplemente impresionantes, coloniales, enormes, perfectamente bien conservados y además junto al paseo marítimo. Estos ya eran edificios oficiales, de hecho como otras muchas mansiones coloniales que se han conservado, pues para un particular es realmente difícil mantener estas bestias.

En este punto ya había recorrido buena parte del centro histórico de la ciudad y de momento me parecía una ciudad muy bien cuidada y conservada, con mucha más historia de lo que imaginaba, también con menos turistas de los que uno esperaría y sobre todo con mucha vida. Al igual que ya había visto en Tailandia, aquí muchos locales también comían en restaurantes o los ambulantes, por lo que ahora las calles y restaurantes estaban llenas de locales comiendo, justo lo que más me gusta ver, la vida cotidiana y normal de la gente local.

Y por fin en el paseo marítimo con vistas al resto de la costa de la isla de Penang e incluso en la parte peninsular. Caminé a lo largo del paseo de aproximadamente un kilómetro hasta llegar a la zona del puerto, el mismo al que había llegado el día anterior con el ferry. Allí al final del paseo estaba el fuerte Cornwallis, un muro de defensa en primera línea de mar y que aún conserva los cañones originales. El fuerte está en la playa encarada al norte y que era el punto de llegada desde Tailandia o Nyammar. Es muy impresionante y está muy bien conservado manteniendo todavía todos los muros originales. Unos muros que tenían mucha historia detrás.

Allí al lado y ya en la intersección con la carretera principal paralela al mar, está Jubille Clock Tower, una torre de estilo árabe cuyo reloj da la bienvenida a George Town. Un monumento también muy conocido de esta ciudad.

A continuación pasé por la iglesia anglicana de Saint George, evidentemente de la época colonial y que contrasta en un país oficialmente musulmán, aunque cabe decir, que Malasia es un país muy abierto y tolerante en cuanto a culturas y religiones, todas ellas conviven en perfecta armonía aunque la religión católica es minoritaria. De hecho, esta iglesia es más un museo que una iglesia.

Y después ya volví hacia el hotel. Eran las 14:30h aproximadamente y ya había aprovechado mucho la mañana, así que intenté ir por calles todavía no vistas hasta llegar al hotel. Iba siguiendo el GPS pero los alrededores del hotel ya me conocía un poco.

Aunque no quería para no ir a dormir tarde, fue inevitable y me dormí al tumbarme un momento para descansar hasta las 17h, cuando me desperté, me tomé un café, adelanté el diario que lo tenía un poco retrasado y sobre las 18h volví a salir. Aquí también hacía calor pero me daba la sensación de que no tanto como en Tailandia, o al menos aquí no había tanta humedad haciendo que todo ello fuera más soportable.

Volví a andar por el centro histórico sin un rumbo fijo, yendo girando por aquellas calles que me llamaban mas la atención. A las 19h fui a tomar la primera cerveza a Malasia. Al ser éste un país musulmán, el tema alcohol está bastante restringido, y allí donde vienen es muy caro. Una lata de 33cl de las mas baratas a un 7-eleven vale unos 9 ringgits, 2,20€. Pero en George Town hay una tienda-bar en la que las cervezas cuestan sólo 6 ringgits, unos mes que aceptables 1,20€. De hecho, en todos los foros se habla del mismo bar, que es el famoso Antarabangsa Enterprise.

Así que fui hacia allá, que por cierto estaba a sólo 300 metros del hotel y el día anterior había pasado por delante, es más, por medio de su terraza para ir a una calle que me había hecho gracia, pero sin darme cuenta de que era ese bar tan conocido. Tenían algunas marcas extranjeras más conocidas pero yo pedí una Tiger, una cerveza asiática. Y allí me la tomé sentado en la terraza muy tranquilo y relajado después de los dos días bastante frenéticos que había tenido, pues George Town es una ciudad que invita a pasear durante mucho rato y yo sólo estaría dos días completos, que aún estaba aprovechando más el tiempo. Por el camino seguí encontrando arte urbano por cualquier calle, todo el centro de George Town parece un museo.

Hacía poco rato que habían abierto el bar pero ya estaba lleno, de hecho tuve que coger otra mesa de las que tenían apiladas y que las demás estaban ocupadas. Se notaba que allí las cervezas eran más asequibles. Eso sí, todos los clientes éramos extranjeros, chinos o hindúes. Y no pongo a los chinos y los hindúes en el mismo saco que los extranjeros porque ellos vivían allí, pues en George Town prácticamente hay la misma cantidad de chinos que de malayos.

Antes de ir al bar había pasado por el 7-elevan a comprar una botella de agua y cuando me fui del bar me la dejé allí sobre la mesa junto a la lata de cerveza vacía. Fantástico, casi lleno y bien fresquito y allí se quedó. Además allí las botellas eran bastante más caras que en Tailandia, de hecho el doble, pues en Tailandia costaban unos 0,30 € y en Malasia, al menos en George Town casi 0,70 €, y hay que tener en cuenta que todo el agua a beber a ser o embotellada o de las fuentes que se supone que hay por la calle de agua potable, aunque a aquellas alturas todavía no había visto ninguna. Así que volví al 7-elevan y decidí comprar una garrafa de 6L. Aunque acabaría calentándose, en el hotel el aire acondicionado estaba siempre tan fuerte que se mantendría a una temperatura aceptable para beber.

Volví al hotel a dejar la garrafa y sobre las 20h volví a salir a cenar. Voy a ir a una calle a unos 200 metros del hotel donde había un montón de puestos ambulante, eso si, todos chinos, pues todavía estaba en Chinatown, y aunque ya había comido en un sitio chino, decidí ir allá por proximidad y por variedad. Toda la calle parecía un gran mercado, con paradas a ambos lados y gente por doquier aunque la calle no estaba cortada al tráfico. Aquello era como un gran restaurante caótico de mesas, gente y coches.

Pedí otra vez sopa Noodle pero esta vez con carne de cerdo, por tanto más contundente, de hecho prefiero comer más ligero para poder pasear sin dormirme demasiado y cenar más fuerte ya que después ya no hago nada, sólo acostarse.

Fui a sentarme en una mesa libre que me indicó la mujer a esperar a que me llevara la sopa. Cuando ya me la había llevado otra mujer china se sentó en la misma mesa. Esto se hace mucho aunque en España es raro, pero hacia fuera allí lo he visto en todas partes. Y de hecho me fue bien para ver cómo comen ellos, pues es ciertamente complicado comerse los tallarines con los palillos. Además los que dan aquí son de plástico, reutilizables, evidentemente, y hacen que los fideos resbalen más que si fueran de madera. Yo comía los tallarines directamente con los palitos, pero por lo que vi a la mujer, lo que hacen con los bastoncillos es poner los tallarines en la cuchara y añaden un poco de la salsa picante que te dejan en un botecito aparte, salsa que yo puse toda directamente en la sopa. Lo intenté hacer pero todavía me costaba mas, por lo que seguí a mi modo de que tampoco es tan extraña.

La sopa con la carne me entró muy bien. De hecho, no había comido carne en todo el día y ya lo necesitaba. Además llevaba fuerza. Mira que yo no soy de sopas pero es que estas están buenísimas, de hecho no recuerdo haber comido nunca sopa para comer y cenar en el mismo día. El precio en esta ocasión fue de 5,50 ringgits (1,20€) y ésta si que me dejó bien lleno.

Después de cenar me despedí de la compañera de mesa y de la cocinera y volví al hotel que estaba cerca de allí y ya me conocía el camino perfectamente. Eran las 21:30h cuando intentaba acostarse pero aún no tenía sueño suficiente, por lo que me levanté para ir un rato al bar-restaurante que había en la misma planta donde estaba la habitación. De hecho hasta las 22h tocaban música estilo china en directa, por lo que tampoco era el mejor momento para dormir y si para estar allí escuchando la música. Allí por fin conocí a la pareja de americanos maleducados que hacían un escándalo cada noche como si vivieran solos en este planeta. De hecho eran las 12 de la noche cuando ya estaba en la habitación comiendo una bolsa de patatas mientras miraba a Netflix cuando entraron haciendo aún más escándalo que lo que habían hecho el día anterior, de hecho en algún momento parecía que estuvieran jugando a una guerra de almohadas. No entiendo cómo nadie se ha quejado de estos dos, eran realmente insoportables y de aquellos que sólo por esta forma de ser ya no tenía más ganas de ver ni escuchar.

En cuanto al bar musical que estaba allí al lado de la misma planta era realmente interesante y original, con escritos por toda la pared y una decoración que le daban un toque personal único. De hecho la puerta que daba a la galería con las habitaciones quedaba en una de las paredes de este bar, por lo que estaba muy bien quedarse allí tomando algo y escuchando aquella música tan extraña y después andar 10 metros para ir a dormir.

Al despertarme casi a las 17h de la siesta me costó un poco dormir. Hasta la 1 estuve escribiendo el periódico hasta que ya me vino el sueño y fui a dormir. Además ya estaba todo el mundo durmiendo y todo estaba en silencio, y literalmente escuchaba el de al lado cuando se movía, el simple ruido de él tocando la manta ya se escuchaba, por lo que el ruido de mis dedos tocando el teclado del portátil debería ser también un alboroto insoportable para él y no quería ser como la pareja de americanos, así que a la 1 y poco a dormir.

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