Tercera parada en México: Tuxtepec

Después de la ciudad de Oaxaca, la siguiente parada fue Tuxtepec, una ciudad oaxaqueña con un termino municipal enorme (de unos 900 km2) y que hace frontera con el estado de Veracruz. Igual que ya ocurrió en el trayecto entre Mexico DF y Oaxaca, la mejor opción era el autobús, por precio e incluso por tiempo, pues en avión hay muy mala combinación. El problema del autobús como siempre en México, las carreteras. Está la opción del trayecto largo y más cómodo, o el corto pero más incómodo. El primero va por autopista pero da mucha vuelta pues tiene que rodear la Sierra. se supone que este trayecto dura unas 10 horas. El segundo, es el que yo hice cruza toda la Sierra y en teoria tiene una dureción de 6 horas y media (auqnue en mi caso fue de 9h). Este trayecto es realmente duro y es conveniente tomarse algun calmante para quedarse dormido. Yo no me tomé nada, no pude dormir y fue literalmente, el viaje más duro qeu he hice hasta ese momento. El 80% del trayecto transcurre por la Sierra y durante horas no hay ningún tramo recto, continuamente son curvas. Eso si, las vistas que tienes son impresionantes igual que el propio trayecto. Cruzando la Sierra se para en publecitos casi fantasmas donde prácticamente viven 3 familias que su modo de vida es vender cosas a los pasajeros del autobús. Igualmente impactante es pasar de estar a temperaturas de 0ºC en plena Sierra a temperaturas de más de 30ºC al llegar a Tuxtepec aunque sean las 10 de la noche. Al final, lo que tenía que ser un viaje de 6 horas y media se convirtió en uno de casi 10h, pero eso es bastante normal en México y seguramente yendo por autopista también habría sufrido retrasos, pues el problema fue en las cercanías de Tuxtepec donde el tráfico era muy lento (no supe si fue por bloqueos como en Oaxaca o por otros motivos). Este tipo de trayectos son difíciles de aguantar cuando se estan haciendo, pero luego se convierten en una parte igual de importante que el resto del viaje y en un montón de experiencias y recuerdos. Además te hacen más fuerte, yo después de aguantar ese viaje me veo capaz de aguantarlos todos.

Como ya he comentado llegué casi a las 10 de la noche. Bajé del autobús con toda la ropa de abrigo que llevaba pues venía de la Sierra donde casi nevaba. Fue salir del autobús y sentir la mayor bofetada de calor y sofoco de toda mi vida. Fue muy impresionante el cambio de temperatura a pocos kilómetros de distancia. Esto me hizo aprender por segunda vez que debemos informarnos del clima en todas las ciudades que vayamos a visitar, pues nada tenia que ver la temperatura de Oaxaca, en la Sierra o en Tuxtepec, estando los 3 sitios en el mismo estado de México. En la misma terminal de autobuses me estaba esperando un conocido que me había ayudado ha encontrar el apartamento en el que me alojaría durante el próximo mes. Solo pisar por primera vez Tuxtepec me di cuenta que allí las normas se pueden cumpli o no, pues al bajar me encendí un cigarro sin darme cuenta que ya teníamos que entrar en la terminal y le dije a mi amigo, espera que estoy fumando (pues en la puerta ponía claramente prohibido fumar)y el policía que había en la puerta me dijo: “da igual, pase pase”. Cuando estás de vacaciones se agradece que las normas sean flexibles aunque no opinaría lo mismo si viviera allí. Allí mismo tomamos un taxi y directos al apartamento pues ya pasaban de las 10 de la noche.

El apartamento estaba en uno de los mejores barrios (o colonia como les llaman) de Tuxtepec, Costa Verde. Llegamos de noche y no me fije en el barrio, la verdad que tampoco tenía muchas ganas en ese momento después del viaje en bus. El apartamento estaba muy bien, era completamente nuevo, de hecho creo que yo lo estrené. Esa noche pedimos una pizza y a dormir.

Allí iba a quedarme casi un mes, así que al dia siguiente me instalé bien y comprobé si alguna cosa no funcionaba. La nevera e Internet parecía que no funcionaban así que le mandé un mensaje al propietario a quien aún no conocía. Y si, le envié un SMS porque aún no había comprado una SIM mexicana. El propietario me llamó enseguida y al cabo de pocos minutos ya estaba en el apartamento. Pensaba que solucionar lo de la nevera e Internet llevaría unos cuantos días pero la verdad es que no, todo se solucionó ese mismo día. El propietario directamente compró una nevera nueva que trajo uno de sus trabajadores cargándola como podía. La conexión a Internet fallaba solo por un cable, así que lo cambió y todo perfecto. Otra ventaja de viajar, le das valor a las pequeñas pero importantes cosas de la vida.

Tuxtepec se encuentra justo en la frontera entre los estados de Oaxaca y Veracruz y está rodeada por el río que hace de frontera natural entre ambos estados. La zona es de clima tropical con temperaturas y humedad muy altas durante todo el año y lluvias muy fuertes en algunas épocas del año. De hecho las inundaciones son uno de los problemas principales en Tuxtepec debido al río que rodea la ciudad y que se puede desbordar tras unos días de intensas lluvias. A unos 3 o 4 kilómetros de Tuxtepec hay una presa en el río pero no para acumular agua para meses mas secos, sino para evitar que el río se desborde e inundé la ciudad. Les sobra agua. La presa se abre y se cierra para canalizar el agua haciendo que fluya de forma controlada, aún así son numerosas las veces que Tuxtepec queda cubierta por un metro de agua. Hay que añadirle la mala red de alcantarillado, algo no exclusivo de Tuxtepec, pero que en su caso es muy grave pues las afectaciones para el tráfico y la ciudad son enormes.

En cuanto a seguridad, Tuxtepec es una ciudad segura a pesar de las circunstancias. Por su situación geográfica ésta ciudad no está libre del narcotráfico, pero hay que decir que mientras no formes parte de este mundo no te pasará nada, de hecho, en muchos aspectos son los propios cárteles los que se encargan que no haya delincuencia que afecte a los ciudadanos normales. Y cuando hay enfrentamientos entre ellos, que los hay, son enfrentamientos mortales pero sin daños colaterales.

La arquitectura de Tuxtepec es la típica de Oaxaca, edificios bajos, casitas de una sola planta muy coloridas. Se respira el mismo ambiente que en otras ciudades, con mucha vida en la calle, muchos vendedores por todos lados y mucha amabilidad y hospitalidad. De hecho, no me sentí solo ni un solo día en Tuxtepec, aunque viajaba solo, pues el propietario del apartamento me llevó a cenar a uno de sus restaurantes y a enseñarme un poco la ciudad. Eran aproximadamente las 7 de la tarde cuando estaba con el propietario hablando frente al apartamento y empecé a notar centenares de mosquitos tocándome las piernas, pues iba en pantalón corto. A los pocos minutos le hice saber al propietario que creía me estaban acribillando los mosquitos y me dijo: “Claro, es que como te atreves a ir en pantalón corto”. Al día siguiente tenía decenas de picaduras y los tobillos medio hinchados. Así que, cuando viajes a ciertas zonas no te olvides del repelente para mosquitos y de llevar pantalón largo cuando empieza a ponerse el sol.

 

Hierve el agua

Este fue el único tour organizado al que fui en todo el viaje, pues no soy muy aficionado a este tipo de tours pero en ocasiones es casi la única manera de ver ciertos lugares. Como a Hierve el Agua, una zona impresionante pero de difícil acceso

Segunda semana en México: Oaxaca

El transporte público en México (a excepción de México DF) es bastante deficiente. Prácticamente no existe una red ferroviaria y a muchos estados ir en avión es inviable. La mejor opción es el autobús. Existen varias compañías de autobús de larga distancia que son la mejor opción para ir de un estado a otro, pues en muchos casos viajan de capital a capital directamente. Lo malo es que en muchos casos no hay autopistas, y si las hay, dan demasiada vuelta ahciendo que el viaje dure mucho más.

En mi caso, fui de México DF a Oaxaca capital con la empresa ADO que es la que dispone de los mejores autobuses. Evidentemente los billetes son algo más caros que otras compañías como Cuenca, más utilizada por los mexicanos, pero en viajes de 8 o 9 horas vale la pena pagar un poquito más, pues de todos modos los billetes son muy baratos. La estación central d autobuses ADO está muy cerca del aeropuerto y es enorme y con casi tanta seguridad como en el aeropuerto. Me sorprendió el hecho que para subir al autobús hay que pasar un control de seguridad como cuando subes a un avión. Pero la verdad, estas cosas que pueden a priori molestar un poco, al final tranquilizan mucho.

El viaje hasta Oaxaca era por carreteras secundarias o autovías por lo que es relativamente tranquilo. Se hacen varias paradas, cada 3 horas aproximadamente, por lo que no se hace pesado. Y bajaba en todas las paradas que hacía aunque la mayoría de pasajeros no bajaban (supongo que estaban más acostumbrados que yo a hacer esos largos trayectos). El trayecto habría durado lo previsto, unas 6 horas y media, si no fuera porque en esa época el sector de la educación estaba casi en una huelga permanente, con paros en las escuelas y cortes en las carreteras. Casi llegando a Oaxaca (y teniendo en cuenta que en esa ciudad es donde se vivían las protestas más contundentes), la carretera estaba cortado por los maestros. Antes de seguir tengo que decir que estoy totalmente de acuerdo con sus reivindicaciones, pues sus condiciones laborales son pésimas. El objetivo de los trabajadores de la educación solo era impedir el paso de mercancías, por lo que solo los camiones quedaban completamente bloqueados durante uno o varios días, a los coches y autobuses se les dejaba pasar, pero claro, el paso era sumamente lento. Ninguno de los pasajeros se quejó en absoluto del retraso que eso estaba provocando, pues imagino que todos estaban de acuerdo, pues los maestros no son los únicos perjudicados por el Gobierno Federal. A mi, por supuesto, tampoco me importaba, es más, pude ver en primera persona un corte de carretera como nunca había visto, centenares de personas acampadas en medio de la carretera y decenas de camiones totalmente parados. El corte era en un pueblecito a pocos kilómetros de Oaxaca, un pueblo casi fantasma y con camiones quemados en casi todo el pueblo para evitar la circulación de camiones, la imagen era impactante.

Finalmente llegamos con una hora de retraso, algo que me supo mal porque el propietario del apartamento que alquilé en Oaxaca fue a buscarme a la terminal de autobuses. Intenté contactar con él antes de llegar pero me resultó imposible, por lo que el pobre hombre estuvo una hora allí esperándome. Por lo menos él ya sabía cual era el motivo más probable del retraso. Los que hayáis alquilado apartamentos por Airbnb quizá os haya sonado raro esto de que el propietario fue a recogerme a la terminal. Pues si, es raro, de hecho esa fue la primera y única vez que el propietario fue a recogerme a mi llegada, algo que por supuesto agradecí mucho. La suerte que tuve con ese alquiler, aparte de que la casa era impresionante, fue que yo era su primer inquilino y querían que todo fuera perfecto, como finalmente fue. Lo bueno de Oaxaca es que es muy barato, por el mismo precio de una habitación en Miami en Oaxaca pude alquilar una casa unifamiliar con un jardín enorme en el mejor barrio de Oaxaca (con seguridad privada incluida).

El transporte público de Oaxaca:

El barrio en el que me alojaba estaba lejos del centro, así que al día siguiente de mi llegada fui a tomar un bus urbano para ir a ver el centro. Allí les llaman camionetas y son como minibuses muy antiguos, algunos sin puertas pero muy auténticos. El propietario de la casa me dio indicaciones de donde cogerlo, así que allí me dirigí. Pero cuando llegué a la calle no encontré ninguna parada de bus, así que caminé un poco en dirección al centro para buscar a alguien que me indicara. Le pregunté a la primera persona que me contré y me dijo: “Si puede toma el urbano aqui mismo”. Me extrañó porque seguía sin ver ninguna parada y era mucha casualidad que justo la parada estuviera allñi donde pregunté. Pero efectivamente vino un minibus, el señor me dijo que levantara la mano y el minibus paró. Más tarde me enteré que no hay paradas, que esos urbanos paran donde alguien les llama y donde algun pasajero les dice que pare para bajar. Comodísimo!

 

Primera semana en México: CDMX

Durante los 50 días que estuve en México nadie me robó, nadie me secuestró, nadie me pegó, ni siquiera nadie me pidió dinero por la calle (algo que en Barcelona pasa continuamente). Evidentemente si vas cargado de joyas pues quizá si alguien intente robarte, pero si usas el sentido común y tomas unas medidas de seguridad básicas, no te pasa nada. Lo digo porque no fueron pocas las personas que al decirles que me iba a México me decían, “pero allí no secuestran a la gente?”. De hecho, los únicos momentos en que tomaba más medidas de seguridad eran cuando tenía que ir con la maleta. Por ejemplo, del aeropuerto al hotel fui en uno de los llamados taxis seguros. Estos taxis son un poco más caros pero estan totalmente controlados y el pago se hace en una oficina, no al taxista. Por lo demás, nada en especial, simplemente sentido común como en cualquier otro país.

lo primero que sorprende al entrar en México DF es el caos circulatorio. Es una ciudad enorme repleta de coches sin seguir demasiado las normas de tráfico. Tardamos una hora y media para llegar al hotel, pues los atascos eran constantes. Y de hecho hubiéramos tardado mucho más si no fuera porque el taxista es el más interesado en llegar lo antes posible ya que el precio está ya acordado y pagado antes de subir. Cobran lo mismo tarden lo que tarden.

En CDMX me alojé en un hotel en el centro de la ciudad, la ubicación era perfecta aunque el hotel no (se encontraba a 5 minutos andando del Zócalo). Lo primero que me llamó la atención fue el ascensor, pues no tenia puerta de seguridad, de hecho lo encontré muy peligroso. La habitación estaba limpia pero todo muy viejo, las sabanas agujereadas, la TV no funcionaba,… Pero no le di ninguna importancia pues al hotel solo voy a dormir, el resto del día a ver la ciudad. Así que llegué, deje la maleta y me fui a ver el Zócalo.

Lo primero que me llamó la atención fue la gran actividad laboral de CDMX. Hay vendedores de todo tipo en todos lados, la expresión quien quiere trabaja toma más sentido que nunca. Es cierto que la regulación no es tan estricta como en otros paises, o si lo es, las autoridades no lo controlan tanto, pero lo cierto es que las ganas de ganarse la vida como sea se ve en cada esquina de la ciudad. Lo que más abunda, como no, son los puestos de tacos, bici-carritos parados o en marcha con la comida más típica de México.

Porqué viajar solo

Viajar deshace de un plumazo todos nuestros miedos, nuestros estereotipos y nuestros límites, y nos reafirma en nuestra nueva forma de ver el mundo:

  • Ya no creemos en las guerras que destruyen el planeta. Ahora preferimos cuidarlo y viajarlo.
  • Ya no creemos en las fronteras que nos separan. Las usamos de puentes.
  • Ya no creemos en que una mujer no puede andar por ahí sola. Ahora no esperamos a nadie para volar a la otra punta del mundo.
  • Ya no creemos en una vida infeliz pegadas a una silla. Nos colgamos la mochila y nos calzamos las botas en busca de nuestros sueños.

Así que viajar es nuestro canto a la vida. Nuestro pasaje a la libertad. Nuestra última revolución.

He aquí los motivos:

1 | Porque viajar te convierte en tu mejor amiga

No hay nada más terapéutico que un viaje para aprender a estar sola. O, mejor dicho, para aprender a estar contigo misma.

La mujer de hoy no le teme a la soledad y no necesita a nadie para hacer lo que quiere. El viaje provee: de cada atardecer y cada amanecer, de algún ángel en el camino que aparece en el momento preciso, de cada nuevo sabor, cada conversación inesperada, cada mar, cada desierto, cada bosque, río, jungla, montaña, lago, sabana, manglar, ciudad.

Todos los miedos que tuviste en casa, todas las veces que te aterrorizó encontrarte sola ante una situación difícil, todos los días en que necesitaste a alguien desesperadamente para recibir apoyo, quedaron atrás, con todas las otras cosas que la rutina y la costumbre te hicieron creer que no podías hacer.

Ésa es la vida anterior al viaje.

El viaje ahora te ofrece la dicha de saber que dependes únicamente de ti, que eres tú quien decide cada paso, que tú eliges cada lugar al que llegar, y que sola puedes disfrutar de una cerveza, un atardecer o una cena con velas tan intensamente como antes lo hiciste rodeada de gente.

De repente, eres tu mejor amiga.

Así que, cuando el viaje te planta sola en la otra punta del mundo, tú:

  • Te dedicas todo el tiempo del mundo a escuchar tus pensamientos y poco a poco conoces a la persona que eres: ¿qué quieres? ¿Qué esperas de la vida? ¿Quién se merece una disculpa? ¿Cuántas te mereces tú?
  • Desarrollas una capacidad para intuir los problemas, captar a las personas de primeras y manejar los pros y los contras de cada decisión difícil.
  • Descubres una fortaleza innata para enfrentarte a los contratiempos. Tu cuerpo se ha puesto en modo supervivencia, y te sientes capaz de esquivar cualquier piedra en el camino.
  • Adquieres una sensibilidad especial para cada detalle del viaje. No tienes ninguna distracción, así que cada nuevo olor y sabor, cada color, toma un matiz intensísímo. Ves la vida a todo color, pisas el mundo interiorizando cada paso.

Y ese curso intensivo en soledad te ayudará mucho a la vuelta.

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2 | Porque es un chute de autoestima

Nada de una ascensión en el trabajo ni un corte de pelo nuevo. Para la autoestima, viajar, viajar y viajar.

Por tres razones principales:

Porque has superado todas las barreras y miedos cuando iniciaste tu viaje en solitario

La simple decisión de irte a viajar sola ya debería llenarte de orgullo.

Descubrirte a ti misma siendo perfectamente capaz de renunciar a un modo de vida al que te niegas a adaptarte, dejándolo todo y a todos por buscar incansablemente tu felicidad, te muestra todo el potencial que tenías escondido dentro de ti.

Estoy segura de que no ha sido fácil, pero ahí estás.

Antes de viajar te habrás preguntado más de una vez si no te has vuelto loca de remate, y la gente de tu alrededor también lo habrá hecho alguna vez. Y, sin embargo, ni tus temores ni los ajenos han sido más fuertes que el deseo que hay en ti de perseguir tu sueño hasta el fin del mundo (literalmente).

¿No crees que eso se merece una buena dosis de amor propio?

Porque sigues superando cada día la aventura que es un viaje en solitario

El viaje es maravilloso casi todo el tiempo, pero otras veces te pone por delante dificultades que a menudo no te crees capaz de superar. Entonces añoras tu casa, tu familia, tus amigos y tu zona de confort.

Pero, aún con esas, no te rindes. Estás y sigues estando en las buenas y en las malas, persistiendo, desde el día en el que decidiste que te ibas a viajar sola, hasta hoy.

Cada día de viaje es un motivo para quererse, porque cada uno de ellos supone un nuevo logro, una nueva lección, una nueva forma de entender que ha valido la pena, y que estás dispuesta a vivir todo lo bueno y todo lo malo que quiera venir.

Para eso viniste, para vivir.

¿Y no se trata la vida de eso, de estar donde uno quiere estar, porque ese ferviente deseo es más fuerte que cualquier impedimento?

Porque te aleja de estereotipos dañinos y superficiales

Sí, viajar no sólo te aleja de la rutina y de casa, también de todos los estereotipos y todos los estímulos a los que las mujeres estamos expuestas diariamente.

Cada uno de ellos nos obliga a acabar venerando un cuerpo irreal de medidas perfectas que llevan una vida perfecta con una dieta perfecta, sin más resultado que el de acabar despreciándonos a nosotras mismas por no tener ni ese cuerpo, ni esa vida, ni esa dieta.

En el viaje, en cambio, lo único que importa es la vida en su máxima sencillez.

El físico pasa a un segundo plano, pues lo realmente esencial es lo que pasa a cada segundo: el nuevo paisaje, el nuevo compañero de viaje, el nuevo plato de comida, el nuevo autobús o tren o coche, la nueva cama.

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Viajar te quita las tonterías y te recuerda que eres tan bella, tan capaz y tan valiente como creías. Sin excusas. Y hay que creerle.

Lo que te hace guapa son las experiencias que vives.

3 |Porque supone una valiosa oportunidad diaria para superar todos tus miedos

Marcharte sola a viajar ya indica que tienes una capacidad excepcional para no dejarte paralizar por ningún temor. Pero si eso no te basta, el viaje no cesa en su empeño de demostrarte que puedes, puedes y puedes otra vez.

Ese viaje parece decir constantemente: “es hora de enfrentarte a eso que te da tanto pánico, y si has podido con todo lo anterior, ¿no vas a poder con esto?”.

¿A qué temes? ¿A las alturas? ¡Empieza por subirte a una tirolina en Costa Rica! ¿A las serpientes? ¡Una caminata cortita por la selva amazónica brasileña! ¿A volar? ¡Súbete a un parapente en tándem por los Alpes Suizos!

Mi propio ejemplo: cómo viajar me curó mi pánico a los tiburones

Quiero explicarte mi propio ejemplo: mi mayor miedo en la vida siempre ha sido encontrarme con un tiburón en el mar. Desde que era pequeñita, estos animales me han fascinado y aterrorizado a la vez.

Y la cuestión es que siempre ha sido durante mis viajes, y sólo durante mis viajes, cuando me he sentido realmente capaz de enfrentarme a ese miedo irracional.

Las primeras veces que me atreví a bañarme en alta mar sin entrar en pánico fue en Essaouira (Marruecos) y haciendo snorkel en Isla del Caño (Costa Rica). Tenía 24 años.

Sin embargo, fue en Hawaii donde tuve que enfrentarme a uno de los retos más difíciles y aterradores de mi vida.  

El último día del viaje, en Big Island, decidí unirme a una barquita que nos iba a llevar a hacer snorkel con delfines. Un sueño para mí.

Sin embargo, los estuvimos buscando océano arriba, océano abajo, durante más de dos horas, y no hubo manera de encontrarlos.

Así que, en un último intento desesperado, decidimos alejarnos aún más de la costa, por si se habían movido a profundidades mayores. Navegamos durante un buen rato, alejándonos más y más, y nos detuvimos a tres millas mar adentro y 3.000 pies de profundidad. Todo un récord para mí, que ya empezaba a sentirme mareada por el miedo y la sensación de aislamiento.

Después de otra hora de espera, de repente, cuando ya empezábamos a perder todas las esperanzas, aparecieron en la superficie un montón de aletas… Pero no de delfines, sino de ballenas piloto, los cetáceos más grandes después de las orcas, y carnívoros igual.

Después del shock y alucine inicial, nos dimos cuenta de que el capitán no se decidía a darnos luz verde para que nos lanzáramos al agua. Le preguntamos qué ocurría y, después de sopesarlo, finalmente nos contó que a estas ballenas siempre las siguen tiburones de puntas blancas, que pueden llegar a medir hasta 4 metros. Suelen rondarlas para aprovechar los restos de peces y calamares que los cetáceos van dejando a su paso.

Cuando terminé de escucharle, me quedé muy callada, mirando fijamente la inmensidad azul oscuro que se abría ante mí y las grandes olas que nos mecían una y otra vez.

Por un lado, la vida me había puesto la inesperada e increíble oportunidad de nadar, ni más ni menos, que con ballenas en libertad. En la otra punta del mundo. En algún lugar perdido del Océano Pacífico. Durante el viaje más espectacular que había hecho hasta la fecha.

Por otro, sabía que si me lanzaba al agua era muy probable que hubiera tiburones. Y sabía, además, que los puntas blancas son la especie que más muertes ha causado al ser humano, pues son mucho menos cautos y temerosos que otras especies (por supuesto, el número de muertes que los puntas blancas causan al año es incomparable al número de tiburones que mata y mutila diariamente el hombre, pero eso es otro tema).

Durante un minuto me debatí entre mis ansias de vivir algo inolvidable y mis miedos más antiguos y profundos.

Pero transcurrido ese tiempo, de repente, sentí cómo me invadía una especie de valentía inesperada. Empecé a ponerme de pie presa de esa sensación de saber a ciencia cierta que estás a punto de cometer una locura. Pero nunca en mi vida había estado más convencida de algo.

Así que lo pensé un último segundo, y esto fue lo que me dije: “Jessica, simplemente no puedes no lanzarte ahí”.

La recompensa fue inexplicable: de repente metí la cabeza en el agua justo cuando una majestuosa familia de gigantes ballenas piloto, con sus crías, pasaron por debajo de mí, para sumergirse después en el infinito azul del Pacífico, haciendo gala de una belleza y una elegancia que no puedo olvidar.

El océano pareció callarse entonces, y me invadió súbitamente un silencio interior. Una especie de paz, de gratitud por la vida, de satisfacción por mí misma.

Eso sí, justo después de verlas pasar, tuvieron que ayudarme a llegar a la barquita de nuevo, pues volví a entrar en un estado de semi-pánico. Sin embargo, en la seguridad del barco, supe con certeza que volvería a lanzarme si hiciera falta, y que aquel día la vida y el viaje me habían regalado la maravillosa oportunidad de ver una escena única en la vida a cambio de enfrentarme a mis miedos sin contemplaciones.

4 | Porque te recuerda que te has ido de todo menos sola

Lo bueno del viaje es que no requiere más que unos días para que te des cuenta de que estás donde siempre debiste estar.

Y es justo en ese momento, deshecha ya de todas las cuerdas y todos los temores, cuando te das cuenta de que te has ido de todo menos sola.

Tu mente se abre a quien quiera acercarse, siempre confiando. Las personas con las que el camino se empeña en cruzarte se convierten rápidamente en compañeras, en amigas, en maestras.

De ellas aprendes y a ellas enseñas, y son ellas quienes traen los momentos inesperados que llenan los días del viaje de esa felicidad eufórica. Ellas crean las casualidades y moldean la aventura que tenías planificada en tu cabeza a base de momentos que recordarás durante toda tu vida.

Ellas te descubren nuevos lugares y te hablan siempre del suyo, y todo el proceso de construir una amistad, que tanto parecía costar cuando vivías en casa, parece acelerarse e intensificarse.

De repente, te sientes rodeada de gente buena y amable, dispuesta a ayudar sin recibir nada a cambio más que la dicha de vivir en solidaridad, y de saber que el ser humano es más humano cuando sirve para algo bueno.

El viaje es el mejor lugar para forjar una amistad.  

5 | Porque te abre la mente como ninguna otra experiencia en el mundo

La revolución que es el viaje también te enfrenta constantemente a nuevas formas de pensar, de hablar y de sentir. Y a las diferencias que siempre hubo entre las gentes del mundo, convencida de que puedes convertirlas en puentes y no en muros.

Te muestra la diversidad como un lujo y no como una amenaza, y te da continuas lecciones de respeto, solidaridad, hermandad y valores.

Las mujeres de hoy no creemos en las guerras que otros se empeñan en hacer eternas, ni en un mundo en el que el dinero, la comodidad o la seguridad justifican una vida vivida a medias. Una vida falta de la maravillosa oportunidad que supone forjar el camino que pisamos a través de este increíble planeta, para acercarnos más a su naturaleza, a sus animales, y a sus gentes, aprendiendo, uniéndonos y viviendo nuestra vida sin ninguna reserva.

El viaje te enseña y te abre la mente, te ayuda a comprender que el camino es el diálogo y no la violencia, te enriquece a base de puro aprendizaje. Como una escuela.

Aprendes, por un lado, sobre los demás, pues ¿cómo podríamos vivir en el desconocimiento de lo que pasa más allá de nuestras puertas? ¿No nos haría eso más injustos, más intolerantes?

Y aprendes también sobre ti misma, pues la vuelta al mundo es también una vuelta a tu interior: exploras tus límites y tus capacidades, tus sueños y esperanzas.

Como dijo Mark Twain: “Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”.

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Conclusiones

Viajar es una nueva forma de autodeterminación de la mujer, una vía hacia la emancipación absoluta, hacia la libertad que ansiamos. Una fuente de autoestima, una valiosa oportunidad de tantear y luchar contra nuestros temores y un camino abierto hacia la comprensión, la tolerancia y la solidaridad.

Y cada vez son más las mujeres que se unen a él, solas, acompañadas, para unos días o para toda una vida.

Lo hacen en la busca incansable de estar donde desean, de diseñar su vida sin seguir ningún molde, aprender de los demás y también de ellas mismas, divertirse y reír, perseguir sus sueños y llenar su cabeza de recuerdos que durarán siempre.

Lo hacen para revolucionarse.

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